lunes, 23 de octubre de 2017 19:12
Politica

CiU y ERC quedan lejos de la mayoría y Ciutadans roza la segunda posición

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El sondeo que Feedback que ha publicado este domingo La Vanguardia realizado entre los días 27 y 29 de abril dibuja un panorama inédito en el que CiU y Esquerra quedan muy lejos de la actual mayoría soberanista, los partidos tradicionales ?incluidos Convergència y Unió? sufren retrocesos mayúsculos y Ciutadans emerge como la formación política de moda tras la efímera luna de miel entre el electorado y Podemos.

Si hoy se celebrasen las elecciones catalanas, CiU perdería hasta 15 diputados de los 50 que obtuvo en los comicios del 2012 (cuando ya se dejó 12 con respecto a su resultado de dos años atrás), mientras que los populares cederían más de la mitad de sus escaños (de 19 a 9), y los socialistas, siete u ocho (de 20 a 12 o 13). Pero los más damnificados serían las formaciones tradicionales, como Iniciativa, por ejemplo, que extraviaría hasta cinco de sus 13 diputados actuales, aunque repartiría de modo muy desigual los dividendos de esa supuesta destrucción creativa.


ERC mejora en sólo 5 o 6 asientos su cómputo de escaños y se disputa incluso la condición de segunda fuerza con Ciutadans. Por su parte, Podemos ?que irrumpió en el anterior sondeo con una estimación de 14 diputados? cae ahora a la última posición, con una cosecha de entre seis y ocho escaños y unas expectativas en retroceso. Los principales beneficiarios son la CUP (que pasaría de tres a 11 diputados) y, sobre todo, Ciutadans, que registraría un ascenso espectacular: de nueve a 26 escaños (17 más) y del 7% al 19% en cuota electoral.


Detrás de este vendaval de cambios se encuentra una llamativa redistribución del voto que, sin embargo, apenas altera la magnitud de los bloques "nacionales" en el Parlament. Si en el 2012 las fuerzas soberanistas (CiU, ERC y la CUP) sumaron 74 escaños, ahora sus expectativas se mueven entre 71 y 74. Y por lo que respecta a su cuota electoral, los cambios también son mínimos. En el 2012, esas tres formaciones sumaron el 47,9% de los votos, y ahora reunirían el 47% de los sufragios. Barcelona deja a las fuerzas soberanistas en minoría (con sólo 40 de los 85 escaños en juego), mientras que Tarragona reproduce a escala provincial la correlación global catalana. En cambio, Lleida y Girona configuran otra Catalunya en la que el dominio soberanista es aplastante y se materializa en la captura de dos tercios de los escaños en pugna.


Ahora bien, el nuevo paisaje parlamentario se asentaría sobre un conjunto de trasvases de voto muy representativos del estado de ánimo de la sociedad catalana. Así, en el caso de CiU, las pérdidas se distribuyen entre sus competidores nacionalistas (ERC y la CUP, que se repartirían unas 80.000 papeletas procedentes de la federación nacionalista) y Ciutadans (que se adjudicaría otros 80.000 votantes que en este caso se han alejado presumiblemente de CiU por no compartir su horizonte independentista). A su vez, Esquerra explica su estancamiento como alternativa porque la misma cifra de votos que ganaría en detrimento de CiU, la perdería por su flanco izquierdo en beneficio de la CUP. Y en cuanto a Ciutadans, sus mayores ganancias procederían del PP (hasta 200.000 votos o el equivalente a la mitad de la cosecha popular del 2012), pero también de CiU y en menor medida del PSC. Los socialistas registran una bajísima fidelidad de voto (43%) y pierden electores en todas direcciones: hacia la izquierda (Podemos, del que es el mayor contribuyente), hacia el centro españolista (C's) y, en mucha menor medida, hacia ERC y la CUP.

La resultante parlamentaria de este cataclismo electoral sería una Cámara catalana muy fragmentada, con mayorías muy difíciles de cuajar. Eso sí, la aritmética electoral parece cerrar la puerta a una mayoría de izquierdas (muy heterogénea, ya que abarcaría desde ERC hasta Podemos, la CUP o el PSC), que en el mejor de los casos reuniría 67 escaños . En cambio, sí sería posible una mayoría soberanista (en diputados, no en votos), pues CiU, Esquerra y la CUP sumarían hasta 74 escaños de los 135 de la Cámara. El problema de ese bloque reside en la sideral distancia ideológica entre la CUP y CiU.

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