jueves, 17 de agosto de 2017 15:49
Politica

1 de Mayo: nueva reivindicación, vieja lucha

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Llega el Primero de Mayo y, como siempre, encontramos que nos interroga por el sentido de mantener los manifiestos, las declaraciones y las manifestaciones. Consideran que la situación de los trabajadores y los derechos laborales y las formas de trabajo no tienen nada que ver con las del año 1889, cuando el Congreso Obrero Socialista celebrado en París decidió que esta fecha sería el día de las protestas y reclamaciones obreras en recuerdo a los mártires de los hechos de Chicago de 1886.

Llega el Primero de Mayo y, como siempre, encontramos que nos interroga por el sentido de mantener los manifiestos, las declaraciones y las manifestaciones. Consideran que la situación de los trabajadores y los derechos laborales y las formas de trabajo no tienen nada que ver con las del año 1889, cuando el Congreso Obrero Socialista celebrado en París decidió que esta fecha sería el día de las protestas y reclamaciones obreras en recuerdo a los mártires de los hechos de Chicago de 1886. Pero los sindicatos, todo el mundo, llaman a salir a la calle a explicitar los conflictos laborales, denunció el funcionamiento del mercado de trabajo, reivindicar mayor calidad de trabajo y de vida y exigir igualdad y cohesión social. Seguro que la situación no es la de hace 125 años, cuando por primera vez en Barcelona se hizo la manifestación del Primero de Mayo, pero hay realidades que no han mutado mucho: el trabajo sigue trenzado de fuertes injusticias y desigualdades, y las relaciones laborales siguen estando bajo el dominio del poder unilateral del empresario (que, además, se ha reforzado estos años).


Los mismos que se cuestionan la vigencia de este Primero de Mayo nos quieren hacer creer que la crisis económica y financiera ya es cosa del pasado, y nos inundan con cifras macroeconómicas y expectativas de crecimiento económico; nos venden las bondades del Tratado de comercio e inversión transatlántico (Ttipia); quedan impasibles ante los miles de migrantes y solicitantes de asilo muertos en el Mediterráneo, y consideran obsoletos y prescindibles los sindicatos. Pero la realidad es sobrecogedora: paro preocupante y agotamiento de prestaciones; precariedad y bajos salarios; brecha salarial entre hombres y mujeres, y falta de oportunidades y exclusión de los jóvenes; pobreza laboral y social ... Con este panorama, el Primero de Mayo es plenamente vigente para denunciar y exigir cambios en las organizaciones empresariales y los gobiernos.


Su carácter internacionalista sigue bien vivo en un mundo global donde la defensa de los derechos de los trabajadores no puede aislarse dentro de las fronteras nacionales. Quien nos quiere engañar con el Ttipia, quien obvia exigir respeto al trabajo digno, a las cláusulas sociales y de libertad sindical en las transacciones internacionales, quienes resto pasivo ante los miles de migrantes muertos en el Mediterráneo o en los conflictos armados en el mundo, es lo mismo que quiere desregular los derechos laborales y sindicales aquí y quiere impedir su extensión donde no hay. En este mundo global la solidaridad requiere tanto soportes y cooperación sindical para conquistar derechos como la defensa de los existentes aquí; los dos procesos alimentan y complementan.


La gestión antisocial de la crisis ha impuesto fuertes retrocesos en derechos y en condiciones de trabajo y de vida en la mayoría de los trabajadores. Millones de personas han perdido su empleo o no se han podido incorporar, porque se ha priorizado el rescate de los bancos y no el impulso a la actividad económica y la provisión de los derechos sociales. Millones de trabajadores han visto empeoradas sus condiciones de trabajo y se les ha precarizado y empobrecido, porque se ha preferido actuar bajando costes laborales que no potenciando la innovación y la calificación. Se ha aumentado el poder de los empresarios para despedir o modificar condiciones de trabajo, mientras se ha abierto una fuerte ofensiva contra el sindicalismo, limitando la capacidad de reivindicación y negociación, criminalizando la participación activa en las convocatorias de huelga. Se ha desmantelado, con recortes y privatizaciones, el modelo de estado de bienestar, y la sanidad, la educación y los servicios sociales se resienten. Se han recortado libertades personales y colectivas con la "ley mordaza" y la reforma del código penal, intentando silenciar la protesta social. Todo esto es el resultado de unas medidas regresivas que se han impuesto estos años, y de las que debemos exigir la derogación.
Este Primero de Mayo hay tres claras reivindicaciones y debemos exigir a empresarios y gobiernos que den respuesta, en la negociación colectiva y en la concertación social: salario digno, empleo de calidad y protección social. Recuperar el salario perdido estos años y ganar poder adquisitivo es, además de justo, un estímulo para la reactivación económica y la creación de empleo. Crear y hacer crecer el empleo de calidad y poner fin a la precariedad ya la pobreza laboral son una urgencia para las personas y una necesidad para modernizar el tejido empresarial. Garantizar la protección social con una renta de ciudadanía que evite tanto la cosificación de la situación de desempleo de larga duración como el peligro de exclusión social.


Se podrá decir que la reivindicación nueva recuerda la lucha vieja, pero es la respuesta a la fuerte regresión producida en derechos y libertades. Este Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, después de 125 años celebrándose, debemos seguir reivindicando trabajo digno y trabajo con derechos, solidaridad internacional y libertad sindical. A quién cree que la lucha de los trabajadores y las organizaciones sindicales son anticuadas y prescindibles, al que impone leyes mordazas, encausa sindicalistas y limita la libertad sindical y la negociación colectiva, es necesario que le seguimos recordando y reivindicando que, cuando los trabajadores y trabajadoras nos organizamos libremente en sindicatos, ejercemos y protagonizamos el conflicto social y las negociaciones, el resultado es sociedades más justas y más iguales.

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