martes, 24 de octubre de 2017 13:23
Opinión

Los dragones y el respeto

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Supongo que el President de la Generalitat cuando hablaba en su discurso de la Diada de Sant Jordi, de los dragones que faltan al respeto a Catalunya, se refería también a aquellos que la han saqueado impunemente durante tantos años con cuentas en los paraísos fiscales o negocios oscuros nacidos al calor del poder político familiar.

Supongo que el President de la Generalitat cuando hablaba en su discurso de la Diada de Sant Jordi, de los dragones que faltan al respeto a Catalunya, se refería también a aquellos que la han saqueado impunemente durante tantos años con cuentas en los paraísos fiscales o negocios oscuros nacidos al calor del poder político familiar. No quiero señalar a nadie en especial, pero si Artur Mas, no guarda en su memoria, la imagen de esos catalanes depravados, sean quienes sean, es que no es imparcial y solo gobierna para una parte minoritaria de sus conciudadanos, ya que la inmensa mayoría es honrada y le horrorizan las hazañas perpetradas por quienes, al calor de su noble apellido, se han aprovechado de todos nosotros y que, como consecuencia de ello, sufren ahora persecución judicial y tras ella, se supone, que sentencias ejemplares para que nadie más en el futuro haga los mismo o tan solo lo intente.

Y añado algo más sobre el tema del respeto. Hace unos días, me enteraba que a la madre de un querido amigo la habían atendido en el Hospital del Mar de un desplazamiento, o rotura, que de términos médicos no estoy muy puesto, de su masa intestinal que le causaba dolores insoportables, especialmente a sus más de ochenta años. Como era tan mayor, una directiva que se está cumpliendo a rajatabla en la sanidad pública catalana, hizo que los médicos la enviaran a su casa. Sus hijos han tenido que reunir sus ahorros y pagarle una operación en la Delfos, porque allí, sí tenían claro que a la anciana había que intervenirla con carácter de urgencia. Si quiere el Señor Presidente, le cuento en privado quien es la familia atropellada para que le pida disculpas por esta falta de respeto a la identidad humana de esta pobre enferma catalana.

Lo demás, suena a discurso bolivariano, tan de moda en estos días o aquello que escuchamos tanto los de mi generación de la confabulación internacional judeo-masónica, un cuento chino que los años se han encargado de desmontar inexorablemente. Y es que, lo que no es verdad y lo que sí lo es, acaban, al cabo de los años, retratando al orador de turno sin necesidad de que los demás digamos ni mu.

Vengan pronto las elecciones, cumpla el Govern con el calendario que él mismo ha decidido, y veamos luego lo que pasa en las urnas, que al final, es lo que realmente vale.

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