lunes, 18 de diciembre de 2017 04:24
Opinión

No nos representan

Ermengol Gassiot
Ermengol Gassiot

Secretario General de CGT Catalunya

Todos recordamos la primavera de 2011. Plazas llenas, manos alzadas y sentimientos contradictorios. Por un lado un cierto resentimiento. Toda aquella gente ya podía haber salido hace años, en alguna de las innumerables convocatorias que habíamos promovido. ¿Dónde habían estado? Por otro, la esperanza de ver que algo se rompía. El silencio impuesto, la política de la delegación, del consenso y de la desmovilización.

Todos recordamos la primavera de 2011. Plazas llenas, manos alzadas y sentimientos contradictorios. Por un lado un cierto resentimiento. Toda aquella gente ya podía haber salido hace años, en alguna de las innumerables convocatorias que habíamos promovido. ¿Dónde habían estado? Por otro, la esperanza de ver que algo se rompía. El silencio impuesto, la política de la delegación, del consenso y de la desmovilización. Y que por sus rendijas se cuelan multitud de pueblos con una alegría propia de la adolescencia. Aquel "no nos representan" junto con la voluntad de cambiarlo todo entró en nosotros para quedarse, aunque sea como referente de unas semanas hace ya varios años.

Hace pocas semanas una versión de aquella primavera parece haber florecido en las empresas derivadas de la fragmentación del antiguo ente público "Telefónica", hoy una gran multinacional por obra de las políticas "democráticas" de los años noventa. Asambleas de trabajadores/as de las empresas subcontratadas, incluidos falsos autónomos, han ido naciendo aquí y allá. Primero en Madrid, luego en Barcelona y Bilbao, más tarde en Castellón, Tarragona, Lleida ... Miles y miles de brazos alzados decidiendo hacer huelga de forma indefinida, hasta que obligaron a la todopoderosa Telefónica-Movistar (la empresa para la que, en realidad y fuera de subterfugios legales, trabajan) se vea obligada a tratarlos como seres humanos.

La huelga es un poco como aquel 15-M hace ya cuatro años. No es patrimonio de nadie en exclusiva, me refiero de ninguno de los sindicatos que lo hemos validado legalmente (AST, CGT, En Construcción y CoBAS). Nace en asambleas de cientos de trabajadores, sindicatos y no sindicatos, politizados o no. Se difunde horizontalmente en red. Es activa, y rechaza aquello de "no te preocupes, ya te lo arreglo yo" tanto propio de tantos delegados del comité de muchos centros de trabajo. Y sobre todo, desde estas asambleas, de forma activa, se decide el día a día de la huelga y las bases de lo que será el día siguiente de su victoria. La tarea de los sindicatos es, en todo caso, acompañar este camino y socializar al máximo, a fin de ejemplo de luchas que pueden hacer florecer partes.

Hay quien no ha entendido eso. Como ocurrió con los partidos políticos derivados del régimen de 1978 que no entendieron aquella primavera de las plazas llenas y simplemente buscaron su fin. Amparaban en el formalismo del electoralismo que precisamente aquel clamor de "no nos representan" cuestionaba. Ayer los dos grandes sindicatos del Estado empezaron como a concretar un preacuerdo con la patronal de las empresas subcontratadas de Movistar. Fuera de las asambleas, seguramente ignorándolas y, en todo caso, negándoles lo que son. Un espacio de democracia directa de los trabajadores, el sujeto político de la actual huelga indefinida. Sin saber aún cómo acabará todo, su actitud me parece mimética con los partidos que en 2011 negaron la realidad de las plazas. Avanzar en esta dirección es un paso más para la liquidación del sindicalismo como herramienta de autoorganización y lucha de los trabajadores/as. Y que nadie se extrañe si volvemos a oír aquello de que "no nos representan" ahora dirigido a estos sindicatos, ya sea en un clamor fuerte y colectivo o rumiante en voz baja y para uno mismo. Nosotros nos quedaremos a las asambleas y, si es necesario, nos tendrán en frente.

Y si, haciéndolo queremos recoger frutos. Claro, y no nos escondemos. Queremos recoger espacios organizados de trabajadores/as precarios/as. Queremos recoger un convencimiento general de que los trabajadores precarios, de las contratas de Movistar pero también de cualquier otro sector y empresa, podemos levantar la cabeza y decidir ser protagonistas de las luchas para no vivir más como esclavos. Y, francamente, a mí me da fuerza igual si esto se hace dentro o fuera del sindicato donde milito, mientras se haga.

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