jueves, 14 de diciembre de 2017 17:57
Opinión

Adivina, adivinanza?.

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Nunca aquella bendita frase de que "si quieres que un asunto no avance crea una comisión" ha encontrado su mejor perfil de confirmación que en las comparecencias que se vienen produciendo en el Parlamento de Catalunya sobre la corrupción política. Esta vez el turno para el desafuero le correspondió a un investigador privado dueño de la agencia de detectives Método 3 y al todopoderoso ex secretario de organización del PSC José Zaragoza.

Nunca aquella bendita frase de que "si quieres que un asunto no avance crea una comisión" ha encontrado su mejor perfil de confirmación que en las comparecencias que se vienen produciendo en el Parlamento de Catalunya sobre la corrupción política. Esta vez el turno para el desafuero le correspondió a un investigador privado dueño de la agencia de detectives Método 3 y al todopoderoso ex secretario de organización del PSC José Zaragoza. Ambos, como era de esperar, hicieron buenos los pronósticos de los que pensábamos que lo de la cinta de La Camarga es más difícil de aclarar que la convivencia pacífica entre judíos y palestinos.

Y la verdad, es que, ambos comparecientes, especialmente Francisco Marco, le echaron pasión a sus intervenciones parlamentarias, en las que el Partido Popular y sus afluentes mediáticos y policiales, acabaron siendo vapuleados sin piedad por quienes, aseguran haber sido víctimas de seguimientos, detenciones y calumnias sin fin, porque se prestaron, me refiero a Marco, a aceptar un contrato que llevaba implícita la grabación de unas conversaciones, en las que dos señoras estupendas, hablaron largo y tendido de sus intimidades y sobre todo, de los negocios, ahora en los tribunales, de la familia Pujol Ferrusola en un lugar público. Naturalmente el astuto Zaragoza, en este delicado tema, pasaba por allí, y no se enteró de nada, ni tampoco hizo nada para contribuir a la grabación de marras y mucho menos a su difusión.

No sé a Vds., pero a mé se me quedó el cuerpo como si los que se decían de todo y amenazaban con querellas, recortes de periódicos y papeles secretos, mientras negaban la mayor, estaban escenificando un telefilme de los años setenta, en el que el morbo estaba en lo que se suponía y no en lo que se podía probar, ya que a ninguna de las partes, le interesaba romper los pactos firmados en su día, y que según dicen, guarda celosamente un famoso abogado en su caja fuerte, para que así, nunca nadie pueda saber lo que allí pasó, ni por supuesto, contar la verdad y sólo la verdad de lo sucedido.

¿Y para acabar de esta manera tan absurda merecía la pena armar tanto lio?

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