martes, 12 de diciembre de 2017 17:16
Opinión

Los tiempos de los significantes flotantes, ya no son "imputados" son "investigados"

Roberto Laxe
Roberto Laxe

La corrupción en el estado español es tan profunda, está tan enraizada en la manera de hacer de los políticos institucionales, que ya no saben que triquiñuelas lingüisticas hacer para saltarse a la torera sus propias leyes.

La corrupción en el estado español es tan profunda, está tan enraizada en la manera de hacer de los políticos institucionales, que ya no saben que triquiñuelas lingüisticas hacer para saltarse a la torera sus propias leyes.


Sale Rajoy y dice que va a cambiar el termino "imputados" por "investigados", como si cambiando las formas se modificara el contenido; viene Felipe Gonzalez y dice que se puede llevar "imputados" (¿o investigados?, o es que ya no sabe que no existen los "imputados") en las candidaturas... Es coherente, si asi fuera unos cuantos cientos de candidatos del PSOE y miles del PP tendrían que dejar las listas.


El problema de la corrupción en el estado español no es de formas, de significantes flotantes sin anclaje social, sino de una manera muy concreta que tuvo el capitalismo de desarrollarse en lo que los "españoles" llaman "piel de toro".


No es que no haya corrupción en el resto de Europa, nada más lejos de la realidad: el capitalismo se construyo sobre la pirateria y los corsarios ingleses y franceses, la comisiones legales o ilegales para las infraestructuras ferroviarias y el saqueo sistemático de riquezas. En EE UU se dice que "tras cada fortuna hay un delito". Paises como Italia, donde las relaciones con la Mafia provocaron la caída del regimen del Pentapartito en los años 90, tienen severos problemas de corrupción.


Pero el Estado Español tiene un característica que lo diferencia de los demás, y hace que aquí la corrupción sea estructural al propio regimen. La debilidad del capitalismo español en su construcción como modo de producción dominante, incapaz de hacer una revolución burguesa digna de ese nombre, le ha trasladado las formas de enriquecimiento del "antiguo regimen" (no me refiero al franquismo, sino al feudalismo). El imperio español se construyó con las riquezas de America, que pasaban por aquí, dejaban unas migajas que caían en las bolsas de los aristocratas y cortes reales, y viajaban a los Paises Bajos o a la ciudades italianas para pagar las deudas que la monarquia asumía (ya fueran los Austrias o los Borbones), para pagar las guerras en las que se metían. Era una sociedad que vivía de las rentas del saqueo de America. Una vez acabado ese imperio en 1898, todo se fue al garete; pero la logica de "vivir de la sopa boba" se mantuvo.


La sociedad española salvo lugares muy puntuales, nunca vivió una verdadera industrialización que separara la "economía" del estado; dicho de otra forma, que el enriquecimiento personal de los capitalistas se basara directamente en la explotación directa de la clase obrera, sino que esos capitalistas siempre vivieron al calor de la "corte" de Madrid -ahora de las "cortes" creadas en las autonomías-, sobre la base de las obras de infraestructuras y subvenciones.


La corrupción, eufemismo de saqueo de las cuentas del estado, es la manera que tiene el capitalismo español de crecer, y para eso necesita unos gobernantes a su altura.


Esta relación simbiotica entre gobernantes y capitalistas llegó a su maxima expresión en los 40 años de franquismo: bajo la dictadura no es que no hubiera corrupción, sino que la corrupción era el estado. Y la Transición, con la ley de amnistia, libro de responsabilidades a todos los capitalistas que se enriquecieron con ese regimen, con el contrabando y la superexplotación, con el saqueo de las propiedades republicanas, etc.


Por estos motivos, la corrupción en el estado español tiene unas características distintas a otros estados de "nuestro entorno", y por eso solo se puede combatir enfrentando las raices sociales y políticas que la generan.

COMENTAR


Más opinión
Opinadores
Pressdigital
redaccion@pressdigital.es
Powered by Bigpress
RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS. EDITADO POR ORNA COMUNICACIÓN SL
Mapa Web Condiciones de uso Consejo editorial version mobil