viernes, 18 de agosto de 2017 09:11
Opinión

LA FORMA DEL AGUA

Joan Ferran
Joan Ferran

Lo confieso, para este artículo he tomado prestado el título de una famosa novela de Andrea Camilleri. Sin embargo no escribiremos hoy sobre las cálidas noches sicilianas, ni sobre las aguas azul turquesa en las que suele solazarse el comisario Montalbano. No. Tan solo repasaremos aquellas lecciones de la infancia en las que los maestros nos contaban algo tan obvio como que el agua puede adoptar todas las formas posibles. El agua tiene la virtud de tomar la forma del recipiente que la contiene, del espacio físico donde se encuentra. Incluso, si me apuran, de manifestarse también en forma sólida o gaseosa.

Lo confieso, para este artículo he tomado prestado el título de una famosa novela de Andrea Camilleri. Sin embargo no escribiremos hoy sobre las cálidas noches sicilianas, ni sobre las aguas azul turquesa en las que suele solazarse el comisario Montalbano. No. Tan solo repasaremos aquellas lecciones de la infancia en las que los maestros nos contaban algo tan obvio como que el agua puede adoptar todas las formas posibles. El agua tiene la virtud de tomar la forma del recipiente que la contiene, del espacio físico donde se encuentra. Incluso, si me apuran, de manifestarse también en forma sólida o gaseosa.


Cuenta el diario El País, basándose en encuestas del CIS, análisis y entrevistas, que la gente joven española abandona los partidos clásicos para lanzarse a los brazos de otros emergentes. Léanse Podemos o Ciudadanos. En el ámbito catalán también es relevante el eco que obtiene entre la juventud un cierto soberanismo difuso que no entiende ni se plantea cuestiones de "clase" si no tan solo identitarias. Algunos hablan de fin de época, de seísmos políticos capaces de romper las dinámicas instaladas desde los tiempos de la transición. Quizás sí, no lo discuto. Es más, confieso sentir cierta simpatía cuando contemplo como se desmoronan algunas de las liturgias oficiadas por oxidados popes. Aunque algún amigo mío pueda molestarse permítanme que, todo ello, no me preocupe excesivamente. Los nuevos escenarios que se avecinan, sí llevan en sus genes elementos de progreso, no me inquietan lo más mínimo. Dicen los del CIS que además de la corrupción y la crisis las nuevas generaciones están preocupadas, sobre todo, por el futuro y los derechos individuales y que, como consecuencia de ello, su desentendimiento de los grandes partidos va a repercutir en las urnas. Veremos. A un servidor de ustedes lo único que lo sumiría en una profunda congoja sería contemplar a esas nuevas formas emergentes adoptar un pensamiento individualista, conservador, insolidario o antidemocrático. Sin embargo, si lo emergente tiene como divisa el "aggiornamento" de la lucha por los derechos sociales y democráticos, ningún problema.


Lo dicho: el pensamiento democrático y progresista, al igual que el agua, puede adoptar mil formas? Lo importante es que exista.

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