martes, 17 de octubre de 2017 11:34
Opinión

Andalucía marca el camino

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Por fin los electores han dicho algo mucho más sensato que los propios políticos, al fulminar en Andalucía la mayoría absoluta del PP que durante estos últimos cuatro años ha impuesto su ley, no solo en la patria de Blas Infante, sino en todo el estado, empobreciendo a la gente con saña y prepotencia, por mucho que las estadísticas macroeconómicas digan todo lo contrario. 

Por fin los electores han dicho algo mucho más sensato que los propios políticos, al fulminar en Andalucía la mayoría absoluta del PP que durante estos últimos cuatro años ha impuesto su ley, no solo en la patria de Blas Infante, sino en todo el estado, empobreciendo a la gente con saña y prepotencia, por mucho que las estadísticas macroeconómicas digan todo lo contrario. Es la primera lección de una jornada que precede a un año en el que el mapa político va a cambiar sustancialmente. Y si el PP se ha dado de narices con la desaprobación de la gente, al PSOE, porque tenía una candidata potente que ha sabido elegir su propio tiempo electoral y no permitir que los cerebros de Ferraz hicieran campaña en su tierra, los andaluces le han dado una nueva oportunidad, haciéndole ganar las elecciones andaluzas, pero, con la condición, de que no se lo crean y que, allí, precisamente donde han tenido siempre su granero en votos, es donde deben aprender a pactar y cambiar su lenguaje ideológico, si es que quieren volver a sentarse de nuevo en la Moncloa. La tercera consecuencia de estos resultados hay que buscarla en la gran presencia parlamentaria de las dos fuerzas que irrumpen en la política española para quedarse durante toda una legislatura. Me refiero a Podemos y a Ciudadanos, que han sabido aprovechar el desaguisado del bipartidismo, y sobre todo, la caída en picado de Izquierda Unida, del PP y en parte de los socialistas, para mostrar sus actuales credenciales, a las que solo les falta la confirmación parlamentaria de que saben ser responsables y ayudar a que, ahora Andalucía y luego España, puedan confiar en ellos para sacar al país de la crisis. Me imagino que ahora Artur Mas y la Presidenta del Parlamento catalán que tantas veces han ninguneado a la formación de Albert Rivera, se darán cuenta de que si siguen por ese camino lo que les espera es el descrédito más absoluto y sobre todo un castigo ejemplar en las urnas.

Todo ello, en una jornada en la que Catalunya ha vivido más pendiente del fútbol que de la política. La brillante victoria del Barça sobre el Madrid aunque sea por la mínima, ha sido una buena noticia para el fútbol español, porque significa también un cambio en una Liga demasiado monopolizada por el centralismo madrileño, que maneja como nadie un individuo extremadamente tenebroso y manipulador como lo es Florentino Pérez quien cuenta con sospechosa frecuencia con la ayuda inestimable de un gobierno cuyos Ministros y altos cargos visitan con demasiada frecuencia el "muy influyente" palco del Bernabéu en el que muestran descaradamente donde está el verdadero poder y quiénes lo sustentan. Bien por el Barçay muy mal por el árbitro Mateo que no supo estar a la altura de un partido que presenciaron nada menos que cuatrocientos millones de espectadores.

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