miércoles, 23 de agosto de 2017 00:22
Opinión

DE LA CULTURA DEL FRACASO Y LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Antoni Picó
Antoni Picó

Diputado de Convergència i Unió al Congreso

Muchas veces se ha dicho que, a diferencia con los países anglosajones, nosotros no hemos asumido la cultura del fracaso. Entender que alguien puede no tener éxito en la iniciativa que emprenda, pero que ello suponga una experiencia para hacerlo mejor en la siguiente oportunidad y que la sociedad lo asuma de esta forma y siga confiando, es lo que llaman cultura del fracaso.

Muchas veces se ha dicho que, a diferencia con los países anglosajones, nosotros no hemos asumido la cultura del fracaso. Entender que alguien puede no tener éxito en la iniciativa que emprenda, pero que ello suponga una experiencia para hacerlo mejor en la siguiente oportunidad y que la sociedad lo asuma de esta forma y siga confiando, es lo que llaman cultura del fracaso.

Una de las consecuencias de la grave crisis económica que hemos sufrido y seguimos sufriendo son todas las personas que arrastran deudas importantes y que, difícilmente, podrán satisfacer. En muchos casos hablamos de familias que han perdido su vivienda habitual por procedimientos hipotecarios o por falta de pago del alquiler, pero también de pequeños empresarios y trabajadores autónomos que, a pesar de comprometer su patrimonio personal, han cerrado sus negocios con fuertes pérdidas. Estamos hablando de más de 500.000 personas que se ven en esta situación y que, si no hacemos nada, no dispondrán de posibilidades de superar un sobreendeudamiento crónico, con un evidente riesgo de convertirse en deudores de por vida.

Como bien sabéis, el gobierno del Estado aprobó hace pocas semanas el Real Decreto-Ley 1/2015, de 27 de febrero, en el que se contempla el mecanismo de la llamada segunda oportunidad. Como con tantas cosas el gobierno del PP hace tarde. CiU viene insistiendo, desde hace más de un año, en la necesidad de articular medidas que favorezcan la refinanciación y que permitan la recuperación económica y un nuevo comienzo para todas estas familias, trabajadores autónomos y pequeños empresarios.

En todo caso, bienvenida sea. Y, a pesar de compartir la oportunidad y la necesidad de la medida, hay algunos puntos de la propuesta del gobierno del Estado que creemos que se deben mejorar en la tramitación parlamentaria. Por ejemplo, es necesario reforzar la mediación entre deudores y acreedores, especialmente en cuanto al mantenimiento del uso de la vivienda habitual en los casos de insolvencia personal, aprovechando la probada experiencia que tenemos en Cataluña en esta materia. También hay que insistir en la necesidad de aplicar el mecanismo a todas las personas en situación de insolvencia provocada por deudas anteriores a la entrada en vigor del real decreto-ley. Y, además, hay que prever posibles quitas de deudas tributarias o sociales, en todos los casos en los que estén en riesgo el mantenimiento de puestos de trabajo y la probada viabilidad económica de la actividad empresarial.

No podemos permitir que esta ley no ofrezca una verdadera segunda oportunidad a tantas y tantas personas, familias, trabajadores autónomos y pequeños empresarios que contemplan con desesperación su futuro. Como sociedad, no podemos admitir la pérdida de la capacidad y aspiraciones de todos de reconducir su situación económica y personal para contribuir al bien común.

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