jueves, 19 de octubre de 2017 00:23
Opinión

Cervantes: Verdades a exhumar y tópicos a enterrar

César Brandariz
César Brandariz

Para localizar sus restos, y sería maravilloso que tuviese éxito este nuevo intento, sí nos estamos sirviendo de la auto descripción física del Prólogo a las Novelas ejemplares, pero para establecer su edad no hacemos caso de la que él mismo precisa en dicho texto, esto es: que tiene 64 años en julio de 1613.

Para localizar sus restos, y sería maravilloso que tuviese éxito este nuevo intento, sí nos estamos sirviendo de la auto descripción física del Prólogo a las Novelas ejemplares, pero para establecer su edad no hacemos caso de la que él mismo precisa en dicho texto, esto es: que tiene 64 años en julio de 1613. Por tanto si le hacemos caso, Cervantes muere con 67 años, no con 69 y nace en 1549, no en el 1547 en Alcalá, como ya señalaba su primer biógrafo y como corroboran cinco documentos del rescate que coinciden en que en 1580 tenía 31 años, concordando todo ello con la acumulación de evidencias que demuestra que la inscripción de Alcalá de Henares, no puede ser la suya sino de alguno de sus parientes Cervantes Cortinas con quienes tuvo buena relación y alguna convivencia puntual.

¿Por qué nos seguimos empeñando en ignorar esa fecha real, 1613, del prólogo al lector de las Novelas ejemplares, que el propio Astrana Marín acaba admitiendo, para hacer un confuso "totum revolutum" de fechas mezclándolas con la fecha muy anterior de las Aprobaciones de dichas Novelas, que lleva al 1611? ¿Es que atribuimos a nuestro autor dotes adivinatorias o premonitorias que le permitían predecir en 1611, es decir "dos años antes" no solo el año, 1613, sino el mes, julio y el día, 14 en que va a aludir al envío al Conde de Lemos de sus Novelas ejemplares?

No solo está pendiente la exhumación de los restos del Cervantes muerto, también lo está el reconocimiento de su auténtica procedencia y de la inspiración real del Quijote y otras obras del Cervantes vivo e imperecedero.

LA PROCEDENCIA DE CERVANTES

La tesis de Alcalá de Henares, desconocida hasta 1750, fue divulgada con cierta ligereza fundándose en copias de amanuense no cotejadas ni coincidentes con la inscripción original y no resiste, por mucho que sorprenda, el rigor de las pruebas. Tal inscripción es de 1547 pero nuestro Miguel va a nacer dos años más tarde, en 1549. En el original de tal inscripción no existe el nombre Miguel, que es un añadido muy posterior en el margen. Se ha pretendido incluso que el garabato que figura al final de una línea, que por cierto difiere según las versiones impresas, "encripta" el nombre Miguel, pretensión inútil pues el propio párroco utiliza ese mismo garabato en otras inscripciones.

Tampoco en la genealogía ascendente de esa partida, se ha localizado el apellido Saavedra, que en contra de lo que se ha afirmado, sí es suyo propio y no prestado y que ya Cervantes usaba de antiguo y aparece en una relación enviada a Roma en 1575, apellido inequívoco de su familia nuclear auténtica, que también va a llevar su hija Isabel y era el dominante en su lugar de origen, y al que incluso alude literariamente en el episodio del Cautivo "un tal de Saavedra".

El padre de los Cervantes Cortinas de esa inscripción supuesta se llama Rodrigo, pero el de Miguel según su propia hija Isabel, que por cierto y a pesar del error divulgado por el insigne Mesonero Romanos, nunca fue monja en las Trinitarias, era Juan. Nuestro Miguel ha de pedir el certificado de limpieza de sangre pero sus parientes Cervantes Cortinas ya disponían de él. Estos parientes sí usaban "don", pero nuestro Miguel, que no era ningún "hidalgo principal", no.

Lope de Vega conocedor de Cervantes y de Alcalá de Henares, en donde estudió cuatro años, supone a Cervantes de Madrid y nunca lo relaciona con Alcalá de Henares, y ni en la clásica y exhaustiva Historia de Compluto de 1728 de Miguel de Portilla y Esquivel ni en los Annales Complutenses de 1662, de Tamayo y Quintanilla, ambas escritas cuando el insigne escritor disfrutaba de fama internacional, aparece Miguel de Cervantes Saavedra por ningún lado.

Concordando con lo anteriormente expuesto no existe, por más que sorprenda, ni un solo documento no manipulado que pruebe el supuesto nacimiento en la gran ciudad del Henares, porque la inscripción comentada no es suya, las primeras líneas del Pedimento presentado por Pérez Pastor, son un burda falsificación que se contempla a simple vista y sin que tampoco la mención de la Topographía de Haedo, simple alegato propagandístico lleno de inconsistencias para la redención de cautivos, tenga comparativamente más valor probatorio biográfico, tal como Canavaggio indica, que las propias alusiones literarias del autor al "lugar de las Montañas de León", procedencia, tanto del Cautivo, del Quijote como del Damón de la Galatea, personajes literarios que sí se han entendido como "alter egos" del propio Cervantes.

Tampoco se puede seguir ocultando que, tanto los apellidos de nuestro autor como su sintaxis y gramática original, no la de las adaptaciones desafortunadas posteriores iniciadas por Harzenbuch y Diego de Clemencin, muy criticadas por los cervantistas modernos por "osadas", también llevan inequívocamente al noroeste español y a mayor abundamiento y confirmación, su hasta ahora desconocida presencia manuscrita como coautor en la Égloga de Virgine Deipara, testimonia que estudió en el Colegio que los jesuitas tenían en Monterrey junto a Verín y que procedía de la Sanabria entonces gallega en donde todavía existe la aldea Cervantes, y el solar original de los Saavedra, como han venido testimoniando diversos cronistas o coronistas desde Juan de Mena, Florián de Ocampo, pasando por Rodrigo Méndez Silva, Pellicer, Fernández Duro, el Rector de Valladolid, Pedro Prada y Lagarejos, etc..

LA INSPIRACION DE CERVANTES

Es en esta zona, su zona, antiguos territorios de los condes de Benavente, Monterrey y Lemos, condes con quienes nuestro autor tuvo relación personal, en donde con sorprendente precisión y detalle se calcan itinerarios, escenarios, flora y fauna, costumbres, molinos de viento, anteriores en siglos a los de la Mancha geográfica, episodios y casi todos los personajes del Quijote, en definitiva la otra "mancha de la que no quiere acordarse", "mancha" que nuestro ilustre ocultista intenta encubrir con topónimos que toma prestados de las poblaciones de la Mancha geográfica, que flanqueaban su camino a Cartagena. Por cierto según los propios eruditos manchegos, Pérez Pastor y Agostini Banus, Cervantes no conocía bien la Mancha geográfica y la describe con notables errores, las lagunas de Ruidera no son las 7 que cita, sino 15 o 16, la Cueva de Montesinos no tiene nada que ver con la que describe y según Astrana Marín, tampoco el Toboso. Este ejercicio de encubrimiento con topónimos prestados no sirve ya hoy en día para impedir que emerja y salga a la luz la auténtica zona de inspiración real del Quixote, su propia zona.

Que Cervantes novelaba hechos de la vida real es cosa muy sabida. Ya Tirso de Molina, lo indicaba en el Castigo del Penseque, (1631) y Pardo Bazán (1851-1921) llega a tildar a nuestro autor de "periodista a la moderna". Ahora bien, por sí solos, los apellidos y mucho menos aislados, no son fundamento suficiente para deducir inspiraciones reales en el Quijote. El apellido más citado es Alonso, cuya mayor densidad todavía se sigue localizando en el noroeste y en Zamora. El de la mujer de Sancho, Cascajo, procede de Salamanca y Valladolid y ¡atención! porque también los otros más citados en el Quijote como Antón, Corchuelo, Domingos, Lorenzo (Lorenço), Miranda, Pablos, Nogales proceden así mismo del noroeste y de la trashumancia extremeña a Sanabria e incluso los propios apellidos de nuestro autor, Cervantes y Saavedra, son como es sabido, gallegos y/o sanabreses, más tarde esparcidos a otros lugares.

¿Se puede sostener, como también se ha hecho, que don Quijote podría, en la ficción, ser armado caballero en la desaparecida venta de Manjavacas en donde se inspiraría para los lances caballerescos sin tener en cuenta que el propio autor relata con detalle el Passo honroso de don Suero de Quiñones, acaecido también en el noroeste? ¿Se cenaban truchas en dicha venta en esa época? Porque es Cervantes mismo quien dice que el pescado, las truchuelas, que le traen la noche anterior se denomina Abadexo en Castilla, en Andaluzia bacalao, en otras partes curadillo y en otras truchuelas. Si no estamos en Castilla ¿en dónde estamos? ¿o por el contrario es lícito pensar en la venta sanabresa que había a la orilla de un rio llamado Truchas, no lejos de otro arroyo de nombre Truchillas y de la laguna llamada Truchas? Venta está también cercana a otro arroyo llamado Pedro que es el nombre que da al pastor con quien don Quijote se encuentra, y también cercana a la laguna Cárdena, otro nombre asemejado al Cardenio del mismo episodio, venta también próxima al gran salto de agua que describe en dicho episodio. ¿Había hayas muy cerca de Manjavacas? ¿Existía cerca un robledal para recomponer con una rama la lanza rota? ¿Se tocaba en esa zona la Gaita zamorana y el Rabel? ¿Usaban zuecos las aldeanas? ¿Empleaban los pastores la expresión "tarde piache"?

Existen otras muchas referencias que justificarían otro libro que me gustaría tener la posibilidad de publicar.

*César Brandariz. Autor de "Cervantes Decodificado" y "El Hombre que hablaba difícil"

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