martes, 22 de agosto de 2017 07:33
Opinión

CENTROAMÉRICA: UNA REGIÓN INTOXICADA POR UNA SERVIL CREENCIA "CRISTIANA"

Ollantay Itzamná
Ollantay Itzamná

Hace unos días atrás, los cielos de Centroamérica fueron surcados por helicópteros estatales cargados de pastores, apóstoles y profetas "para orar y derramar bendiciones para la paz" sobre esta región violentada de América Latina. En el caso hondureño, fue una iniciativa del gobierno de turno, quien, por momentos, funge más como predicador que como Presidente.

Hace unos días atrás, los cielos de Centroamérica fueron surcados por helicópteros estatales cargados de pastores, apóstoles y profetas "para orar y derramar bendiciones para la paz" sobre esta región violentada de América Latina. En el caso hondureño, fue una iniciativa del gobierno de turno, quien, por momentos, funge más como predicador que como Presidente.

Para quienes sabemos de teológica cristiana, con perspectiva histórica, observar el habitus cotidiano individual y social, en países como Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala, despierta en nuestra memoria históricos recuerdos de la cristiandad de la Edad Media. Época en la que el ser humano se asumía como una oveja (animalito) de Dios. Donde se castigaba con el infierno a la razón/pensamiento, y se promovía la creencia y la obediencia cadavérica como virtudes máximas para el ascenso social. Época en la que se instalaba en el espíritu de las y los creyentes el sentimiento de culpa y la identidad de "siervos inútiles", derrotados por el mal, incapaces de emprender por sí mismos proyectos hacia su plenitud. A esto se denominó la primera evangelización o inquisición (extirpación de la razón simbólica).

Desde la teología política, la cristiandad tenía un claro objetivo. Afianzar y estabilizar a perpetuidad un orden político teocrático. Es decir, ante la incapacidad de las y los creyentes de autogobernarse, Dios, en su infinita misericordia, elegía bondadosas familias poderosas (reyes cristianos) para gobernar a los pueblos. Estos, junto a los jerarcas religiosos, eran los representantes de Dios en la tierra. Por tanto, los súbditos cristianos creían y obedecían más a los gobernantes que al Dios desconocido.

En buena parte de América Latina, el modelo político de la cristiandad fue desvirtuado por las diferentes revoluciones liberales inconclusas. Las escuelas y los libros se impusieron sobre las iglesias y las biblias. Muchos súbditos dejaron de ser creyentes (obedientes resignados) al adquirir la cualidad de ciudadanía. Aunque la ciudadanía tampoco se universalizó por completo en la región.

En los países centroamericanos, con excepción de Costa Rica, los esfuerzos por universalizar la educación centrada en la razón, emprendida por los liberales, fue repelida con éxito, en diferentes momentos, por los conservadores católicos. Quienes una y otra vez instauraron la creencia sobre la razón a base de la gestión del miedo (al infierno) y el deseo (del paraíso celestial).

Así emergieron estas repúblicas bicentenarias, ahora, discursivamente democráticos, pero moral y espiritualmente castizos, racistas y clasistas. Con más súbditos creyentes que con ciudadanos pensantes. Habitados por una infinidad de tabúes (Dios, Estado, Ley, Biblia, etc.). Temerosos de interrogarse sobre el origen o la finalidad de estos y otros tótems. Aunque con honrosas excepciones.

Durante la segunda mitad del pasado siglo, el gobierno de los EEUU., para contrarrestar la cohesión social alrededor de ideas socialistas, en la región centroamericana, promovió y financió todo un almácigo de emotivas iglesias pentecostales que desactivaron el despertar ciudadano del momento. A esto se denominó la segunda evangelización o nueva inquisición (extirpación sangrienta del "comunismo").

Militares criminales como Ríos Montt y Gustavo A. Martínez, de Guatemala y Honduras respectivamente, para fines terapéuticos y políticos crearon sectas pentecostales fundamentalistas. De esta manera, estas empresas religiosas lograron lo que ni los doctrineros, ni las dictaduras militares habían conseguido: adormecer a las grandes mayorías empobrecidas, convirtiéndolos casi en unos eternos pordioseros providencialistas.

Aquí, saber de memoria citas bíblicas no es sólo un elemento de ascenso o estatus social, sino también de oportunidades laborales. Sí, aunque Ud. no lo crea. Las entrevistas laborales, como las evaluaciones académicas, se valoran en función a la mención que se haga del Dios ausente. Como en la Edad Media, en los centros educativos se imparte clases de Biblia para formar la conciencia y la conducta sumisa, resignada y providencialista de los profesionales creyentes.

Las viviendas adquieren mayor categoría social si en sus paredes llevan inscritas citas bíblicas. Muchas mujeres, en sus bolsos, junto a la cartera casi vacía, llevan un ejemplar del Nuevo Testamento. Ciudades y pueblos de Honduras están ornamentadas con inmensos carteles de: "Honduras para Cristo". En los pueblecitos empobrecidos, donde no existe ni escuelas, ni centros de salud, mucho menos libros, encuentras anuncios estridentes de: "Aquí se venden biblias".

Los buses de transporte, calles, plazas públicas, frecuencias radiales y canales de la Tv están repletos de predicadores, apóstoles, profetas?, que Biblia en mano infunden: "La pobreza es el mejor regalo que Dios nos da para merecer después el Reino de Dios" "La enfermedad es una bendición de Dios" "Somos ovejas de Dios. Él nos quiere mansos y humildes?"

En las redes sociales se socializan más citas bíblicas, bendiciones, que derechos u oportunidades. ¡Hasta los noticiarios de la Tv, en Honduras, comienzan con lecturas bíblicas, o devocionales que llaman! La semana laboral se inicia y concluye con un devocional. Y, los fines de semana, las familias, con la Biblia bajo el brazo, pasean por las calles intercambiándose bendiciones entre sí.

Esta es la "cultura" cristiana compartida en la región. Cultura que es rentabilizada de sobre manera, no sólo por jerarcas religiosos para mantener a flote sus negocios, sino también por los gobernantes. Éstos, cuando pierden legitimidad social, recurren a ceremonias/teatros religiosos para legitimarse en Dios ante el pueblo creyente. Así, el gobernante "predicador" nuevamente es asimilado y aceptado por sus víctimas empobrecidos como el enviado del Dios ausente. Del mismo modo de cómo es amado el cura, pastor, obispo o cardenal que se concubina públicamente con el violento poder establecido.

En este contexto cultural, donde los fundamentos de la estructura social y psicológica de las personas están afianzadas en la creencia ciega, el trabajo de la concientización para el despertar de nuevos sujetos sociopolíticos continúa siendo un trabajo titánico casi estéril. No sé que sea más difícil: que una sociedad toxicómana (drogadicta) se desintoxique, o que los creyentes ("cristianos") irreflexivos que esperan el "arrebato escatológico" se conviertan en ciudadanos corresponsables. No lo sé.

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