domingo, 20 de agosto de 2017 21:09
Opinión

SOBRE LA DEVALUACIÓN DEL PARLAMENTO

Joan Ferran
Joan Ferran

No será un servidor de ustedes quien critique la indumentaria de los señores y señoras diputados del Parlamento de Cataluña. Dicen que cada uno viste como quiere y el buen -o mal- gusto lo podemos encontrar tanto en las camisetas apolilladas como en los modelos más exclusivos. No voy a opinar al respecto a pesar de pensar que, al paso que vamos, no tardaremos mucho en ver como chancletas de tiras delgadas, llamadas 'Havainas', hacen acto de presencia en el hemiciclo catalán.

No será un servidor de ustedes quien critique la indumentaria de los señores y señoras diputados del Parlamento de Cataluña. Dicen que cada uno viste como quiere y el buen -o mal- gusto lo podemos encontrar tanto en las camisetas apolilladas como en los modelos más exclusivos. No voy a opinar al respecto a pesar de pensar que, al paso que vamos, no tardaremos mucho en ver como chancletas de tiras delgadas, llamadas 'Havainas', hacen acto de presencia en el hemiciclo catalán.

Tampoco pienso rememorar las sugerencias del presidente Josep Tarradellas dirigidas a algunos diputados cuando consideraba que no acudían a la cámara vestidos 'como il faut'. No lo haré por que cualquier comentario al respecto se convierte susceptible de interpretaciones maliciosas. Permítame, sin embargo, que ponga por escrito un montón de sensaciones que me rondan por la cabeza de forma reiterada. Tengo la impresión de que el Parlamento catalán se está devaluando a marchas forzadas. No jugaré a la nostalgia ni diré que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Tampoco argüiré que los políticos de antes eran grandes oradores y los actuales no tanto; ni que aquellos tenían madera de estadistas y los de ahora sólo son engranajes dentro de un partido. No, no es necesario que un modesto articulista diga nada. En una época en que las imágenes de televisión llegan a cualquier lugar sólo hay que contemplar unos minutos los interrogatorios a los miembros del clan Pujol, o escuchar la retórica farfallosa de algunos diputados o consejeros para percibir la decadencia parlamentaria. Y esta decadencia, amigos míos, se poliédrica. Últimamente se ha manifestado, por ejemplo, tanto en la ineficacia de las comisiones de investigación, como en los contenidos o las formas de las mismas.

No vale centrifugar las culpas únicamente sobre el clan de los Pujol. Los interrogatorios, la puesta en escena, el vacío de las preguntas, "el atrezzo", la comedia de los convergentes con reflexiones de plastilina ... Ha sido, en definitiva, una ópera bufa condenada -a priori- a ser inútil.

Se acerca un periodo electoral. No sabemos si la broma decadente continuará o no pero la sensación de que algo se ha devaluado en la cámara catalana está. ¿Serán los actores? ¿Serán las formas? ¿Serán los contenidos? Qui lo sa?

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