lunes, 21 de agosto de 2017 04:55
Opinión

IGUALTAT

Montserrat Capdevila
Montserrat Capdevila
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El 24 de marzo de 2015 hará ocho años de la aprobación de Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres del Estado, con un balance decepcionante. No se puede decir que hayamos avanzado mucho en materia de derechos y de igualdad, justo lo contrario, los últimos tres años hemos ido atrás a pasos agigantados. El impacto de la crisis económica en la mujer ha sido brutal. Los estudios y los datos lo confirman con contundencia, con objetividad: la crisis económica ha profundizado la desigualdad que afecta a las mujeres en los ámbitos laboral y social.

El 24 de marzo de 2015 hará ocho años de la aprobación de Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres del Estado, con un balance decepcionante. No se puede decir que hayamos avanzado mucho en materia de derechos y de igualdad, justo lo contrario, los últimos tres años hemos ido atrás a pasos agigantados. El impacto de la crisis económica en la mujer ha sido brutal. Los estudios y los datos lo confirman con contundencia, con objetividad: la crisis económica ha profundizado la desigualdad que afecta a las mujeres en los ámbitos laboral y social.

Las mujeres cobran menos que los hombres, reciben pensiones más bajas y tienen un grado de actividad menor. La pérdida de puestos de trabajo fijos en Cataluña ha afectado la administración en trabajos muy feminizadas.

Ellas tienen más estudios y ellos, más trabajo, y la tasa de paro en las mujeres supera a la de los hombres en todos los niveles educativos. El techo de cristal sigue intacto y el talento femenino subutilizado. Los datos sobre violencia machista en 2014 dan cifras dramáticas.

Estamos muy lejos de la tendencia mundial de incorporación de mujeres en puestos de decisión aunque está demostrado que la gestión de la diversidad de género es un factor de competitividad empresarial.

¿Por qué no hemos avanzado? Quizás por que estamos gobernados por las derechas, porque aún pesa la sociedad basada en la jerarquía, en el poder y en la autoridad de los cargos; en la sumisión de las mujeres.

Por tanto, hay una ley catalana de igualdad donde todo esto quede bien regulado, y un nuevo pacto social con todos los estamentos y todos los agentes sociales, donde lo organizamos diferente, donde lo cambiamos.

En la nueva ley para la igualdad entre mujeres y hombres que estamos debatiendo en el Parlamento debemos establecer los principios y objetivos de un enfoque integrado e integral de la igualdad, medidas que combinen la transversalidad de la igualdad en todas las políticas públicas.

Este enfoque integrado de la ley debe ser aplicable a todos los ámbitos públicos: en la empresa y dentro de los hogares. Favorecer la implicación de los padres para repartir mejor las responsabilidades familiares, reducir la desigualdad ocupacional y salarial entre hombres y mujeres, la ejemplaridad de la administración pública en la práctica de la igualdad. Propiciar un nuevo modelo de los usos del tiempo, garantizar la protección de las mujeres contra todas las violencias, demasiado presentes e incluso con nuevas manifestaciones (como los jóvenes controladores a través de los móviles ...).

Hay que generalizar la paridad en todos los ámbitos de la sociedad: las mujeres deben tener su lugar en el deporte, al comercio, a la industria ya todas las profesiones reguladas. La representación paritaria de la mujer también debe ser los medios de comunicación.

Hay que hacer extensivo el principio de igualdad de representación en todas las instituciones públicas, ampliando la paridad en todos los consejos, cámaras, gremios, colegios profesionales y en todas las autoridades administrativas independientes, comités universitarios y todos los órganos consultivos y deliberativos. Debemos poder tener derecho a al propio cuerpo, poder combatir la explotación sexual y romper estereotipos entre la juventud para fomentar las nuevas masculinidades.

Para que una sociedad que no representa, que no se hace representar o que no tiene suficientemente en cuenta el 52% de la población no es suficientemente democrática.

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