domingo, 17 de diciembre de 2017 16:40
Sociedad

Perder dinero por rechazar un soborno genera más estrés que aceptarlo

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La decisión ante una propuesta de soborno provoca una excitación fisiológica mayor en aquellos que deciden actuar en contra de su propio interés económico y la rechazan, en comparación con aquellos que optan por aceptarla.

Así se desprende del estudio sobre aspectos fisiológicos y conductuales de la corrupción desarrollado por investigadores de la Universitat Jaume I, que revela también una tendencia mayoritaria a actuar de forma ética y muestra la efectividad de la amenaza de un posible castigo a la hora de frenar las actitudes corruptas.

"Al contrario de lo que se ha tendido a creer, no es la violación o el cumplimiento de una norma ética dada lo que desencadena la actividad emocional, sino más bien la decisión real de actuar contra el propio interés monetario", según ha explicado Tarek Jaber-López, investigador del grupo de Economía Experimental y Computacional de la UJI.

Al respecto, ha señalado que este trabajo "ha permitido acercarnos al fenómeno de la corrupción a partir de la metodología experimental". "Diseñamos un experimento que nos posibilitó analizar, a través de un polígrafo, el comportamiento y las reacciones emocionales de las personas frente a una situación que puede conllevar decisiones corruptas", ha añadido.

El estudio, publicado en la revista Frontiers in Behavioral Neuroscience, muestra cómo algunos sujetos mantienen un comportamiento 'pro-social', rechazando la corrupción, incluso cuando no existe ningún mecanismo de castigo. Cuando sí se plantea la posibilidad de un castigo el rechazo al soborno pasa a ser mayoritario.

HIPOTÉTICA SUBASTA

En el estudio, los sujetos experimentales se enfrentaron a una hipotética subasta en la que dos empresas competían por la licencia de unas obras públicas, para lo cual hacían sus pujas de niveles de calidad, pudiendo también introducir sobornos para el subastador que debía elegir la empresa que finalmente llevaría a cabo las obras.

Los sujetos que decidían como empresa se enfrentaban a un dilema social, puesto que cuanto mayor fuera el pago para el subastador, mayor también la probabilidad de que éste les concediera la licencia para maximizar sus beneficios.

Sin embargo, esta opción implicaba un coste, pues la reducción en la calidad suponía una reducción en el beneficio de todos los implicados en la subasta, lo que se identificaría con las consecuencias negativas de la corrupción en la sociedad.

Por su pare, la coautora del trabajo y miembro del grupo de investigación, Aurora García-Gallego, ha señalado que desde que "pese a que las bases de la teoría económica predicen un comportamiento puramente racional y en busca del beneficio económico personal, los resultados muestran que las personas parecen revelar valores intrínsecos que les frenan en contra de las tentaciones corruptas".

"Efectivamente, tanto empresas como funcionarios públicos se desvían de la estrategia que maximiza su beneficio monetario y optan por una estrategia más prosocial", ha dicho.

REACCIONES FISIOLÓGICAS

Durante la toma de decisiones, los investigadores midieron las reacciones fisiológicas de los sujetos a través de la intensidad de las emociones utilizando como herramienta el polígrafo para detectar las variaciones en la sudoración y la excitación emocional.

"Nuestros resultados sugieren que las emociones más fuertes están asociadas con las desviaciones de la pura maximización monetaria, en lugar de estar asociadas con un comportamiento no ético per se", ha apuntado el investigador del grupo y coautor del artículo, Nikolaos Georgantzís, quien ha aclarado que "las personas que toman decisiones retando su propio interés económico sufren una mayor excitación que aquellas que se preocupan únicamente por su beneficio económico personal".

Además, en el estudio se observaron los tiempos de respuesta como medida de la reflexión de los sujetos mientras toman sus decisiones, lo que permite asociar la respuesta emocional con un conflicto entre las motivaciones primarias o instintivas y las secundarias o contemplativas y, más específicamente, con desviaciones del puro interés monetario de los sujetos. En este sentido, los investigadores han destacando que "aquellos que sufren mayor excitación presentan mayores tiempos de respuesta".

En una segunda fase del estudio se introdujo la posibilidad del castigo. Los sujetos se enfrentaron a la posibilidad de que la empresa que no obtuviera la licencia activara un mecanismo automático de inspección sobre los otros dos agentes. La inspección conllevaba una penalización de beneficios cero para los agentes implicados si se descubría que se había producido soborno.

Por el contrario, si la licencia pública fue concedida limpiamente y la empresa perdedora decidió inspeccionar, era ésta la que se quedaba con beneficios cero. "Observamos en nuestros resultados que la amenaza de castigo es muy efectiva para frenar la oferta y aceptación de sobornos pese a que la inspección se activara en raras ocasiones", según los autores del estudio.

Así, ha destacado que este mecanismo da esperanza a la sociedad para "frenar la corrupción, ya que la amenaza de un castigo muestra ser lo suficientemente efectiva como para permitir que los costes de llevar a los corruptos a la cárcel no superen los costes de la ganancia". En definitiva, "el soborno se puede reducir por la mera amenaza de ser castigado más que por la frecuencia de castigo efectuado realmente", han añadido.

De cara a investigaciones futuras, el grupo de Economía Experimental y Computacional trabajará en la obtención de más datos sobre la correlación entre los tiempos de respuesta y manifestaciones fisiológicas de las emociones, ya que "el hecho de que el primero pueda ser utilizado como un sustituto del segundo es de gran relevancia para los economistas del comportamiento".

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