lunes, 23 de octubre de 2017 13:47
Opinión

La incomparecencia de Artur Mas

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Viendo lo que acaba de pasar en el Parlament de Catalunya donde Convergencia y Esquerra se han puesto de acuerdo para que el President Mas no comparezca en la comisión creada para estudiar diferentes casos de corrupción política, uno siente indignación y vergüenza ante semejante atropello democrático que nos deja a muchos catalanes perplejos y a la propia Generalitat en un lugar, que ni por historia, ni por prestigio, se merece.

Viendo lo que acaba de pasar en el Parlament de Catalunya donde Convergencia y Esquerra se han puesto de acuerdo para que el President Mas no comparezca en la comisión creada para estudiar diferentes casos de corrupción política, uno siente indignación y vergüenza ante semejante atropello democrático que nos deja a muchos catalanes perplejos y a la propia Generalitat en un lugar, que ni por historia, ni por prestigio, se merece.

Algunos de los que acaban de cometer semejante felonía volverán a presentarse a las urnas el no muy lejano 27 de Septiembre, dispuestos a llevarnos a su Itaca particular donde esperan alcanzar una inmunidad total que ahora no tienen. Merecerá la pena, que quien quiera lo recuerde, por si desea evitarlo. No hay nadie por encima de la ley y el President es el que tiene que ser el primero que defienda ese derecho.

Hace unas semanas el ex President Pujol acudió a la cámara catalana para someterse a preguntas que, como se vio, le resultaron especialmente molestas, y muchos criticamos sus respuestas, pero lo que nadie se atrevió a cuestionar, fue su respeto a la institución y a la democracia, que fue lo que le motivó a comparecer cuando podría, perfectamente, haberse negado a dar la cara, como ahora no han hecho los patriotas representantes de Convergencia y Esquerra quienes, seguramente, han pensado que la gente no tenía porque escuchar a un Artur Mas dando explicaciones sobre un tema que conoce perfectamente, ya que siempre ha estado en el lugar apropiado cuando determinadas personas hacían tráfico de influencias y se enriquecían desmesuradamente con una voracidad sin límites.

Ayer, cuando leía las declaraciones, ante la Comisión, del ex Fiscal Villarejo o del periodista y editor del Triangle, Jaume Rexach, que lleva veinticinco años aguantando su revista casi en una completa soledad, que deberían hacérsela mirar algunos de los que ahora gritan "Je suis Charlie" en la muy civilizada sociedad catalana, comencé a entender los motivos por los que Mas no va a esa comisión y Junqueras se lo permite. No obstante, tenía la esperanza de que el hombre pudiera al político y se atreviera a dar un paso adelante y evitara este gesto tan cobarde de esconderse detrás de un pacto entre dos partidos. Pero desgraciadamente no ha sido así, y bien que lo lamento, porque ahora, más que nunca, los intolerantes volverán a llenarse la boca con aquel odioso sonsonete que asegura "que todos los políticos son iguales" y que con Franco se vivía mejor, algo, que ni es cierto, ni debe volver a repetirse.

Ayer, de verdad, fue un muy mal día para nuestra democracia parlamentaria, y bien que lo siento. El día amanece frio y desapacible. Habrá que guarecerse.

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