jueves, 17 de agosto de 2017 23:11
Opinión

La segunda en la frente

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Si ha sido el candidato de ERC Alfred Bosch el primero en hacerle ascos al pacto Mas-Junqueras, que molesta, y mucho, sus ansias de sustituir a Xavier Trias como alcalde de Barcelona, porque a él lo que verdaderamente le pone es hacer un trío con Guanyem y Podemos, y también, si es posible, un cuarteto con la CUP, que ha sido el segundo escindido en soltarle un perdigonazo a la hoja de ruta para la independencia.

Si ha sido el candidato de ERC Alfred Bosch el primero en hacerle ascos al pacto Mas-Junqueras, que molesta, y mucho, sus ansias de sustituir a Xavier Trias como alcalde de Barcelona, porque a él lo que verdaderamente le pone es hacer un trío con Guanyem y Podemos, y también, si es posible, un cuarteto con la CUP, que ha sido el segundo escindido en soltarle un perdigonazo a la hoja de ruta para la independencia. La formación de David Fernández, que se ha desmarcado del acuerdo del Palau, ha citado expresamente el nivel de pobreza en el que se encuentra una parte significativa de la población catalana y el mal gobierno que se esconde detrás de esa lacra social para desmarcarse de la propuesta de las dos minorías mayoritarias.


Está claro que lo de la plaza de Sant Jaume solo ha servido para que las formaciones políticas catalanas tengan clara la autopista electoral que les espera y que, como consecuencia de ello, la mayoría se están apuntando no a la uniformidad ideológica para la independencia, que tratan de vendernos los lideres convergente y republicano, sino más bien para pasarse a la orilla de los que piensan por sí mismos. O sea, que si alguno de los firmantes se llegó a imaginar que los partidos correrían veloces a subirse al carro de la buena nueva del anuncio institucional del President de la Generalitat de elecciones plebiscitarias el 27 de septiembre, se ha equivocado gravemente, ya que lo que se espera del 2015 es una lucha feroz por la confianza del electorado y, por lo tanto, una dispersión ideológica y una atomización parlamentaria como hacía tiempo no se había visto.


¿Y Rajoy? Bien, gracias, que diría su alter ego, Moragas. O sea, dispuesto a aprovechar partidariamente el impulso del reto que le ha enviado Mas con las estructuras de Estado para, a continuación, montar su campaña electoral con una estrategia muy simple: Sin nosotros, España camina hacia el precipicio. Y lo hará, simplemente, movilizando a sus votantes mas descreídos, haciéndoles ver que Podemos nos saca de la Europa del bienestar y del euro, y que los líderes de Convergència y Esquerra quieren, sencillamente, romper el Estado para salvar su propio ego y su tambaleante carrera política. Y así, con estas dos medias verdades, intentará ganar, y si es posible, las generales y gobernar otros cuatro años, aunque en las municipales y autonómicas se quede con la mitad del trasero al aire.


Ya ven, no han pasado ni veinticuatro horas y el consenso partidario ya ha saltado por los aires y, además, amenaza con complicarse en las próximas semanas. Como les escribía ayer, en esta misma sección: La clave está en las municipales.


Les seguiremos informando?

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