jueves, 14 de diciembre de 2017 05:13
Opinión

El scoop se hace esperar

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Era fácil leer en las caras de los periodistas que acudieron a la rueda de prensa-mitin que tuvieron la paciencia de aguantarle a Artur Mas en el Palau de la Generalitat, una sensación de hartazgo contenido que ni hasta los más afines podían ni querían disimularlo.

Era fácil leer en las caras de los periodistas que acudieron a la rueda de prensa-mitin que tuvieron la paciencia de aguantarle a Artur Mas en el Palau de la Generalitat, una sensación de hartazgo contenido que ni hasta los más afines podían ni querían disimularlo. El mosqueo no solo tenía su justificación en la duración del discurso, sino en la evidencia de que el scoop del día, el President se lo había dejado para la prórroga de su oratoria, que fue cuando anunció que hasta el jueves no habría nuevas noticias sobre sus negociaciones con Esquerra, algo que ya empieza a sonar a cachondeo o, lo que es peor, a tomadura de pelo.

Una nueva cumbre con la intervención del "quinteto de cámara del Palau" como "eterno" protagonista de este concierto inacabado e inacabable nos dirá, parece ser? es posible? por fin, que "habemus plebiscitarias" o por el contrario si se confirma el gatillazo de la lista unitaria porque los amantes del 9 N no han podido consumar el (p)-acto por falta de potencia patriótica.

Y claro, así las cosas, la gente comienza a pensar que, en esto de ponerse de acuerdo, algo tiene que ver el protagonismo personal y partidario de las dos partes y no el interés general de muchos catalanes y catalanas que pusieron su ilusión en independizarse del estado entregando su entusiasmo a dos políticos que les han engañado o simplemente no sienten lo mismo que sentían ellos.

Si, finalmente, el jueves, Artur Mas anuncia que habrá plebiscitarias, éstas, después de tanto tira y afloja, sonarán a descafeinadas diluidas en mala leche desnatada y con sacarina de sobre, algo que, incluso, a los que no apostamos por la independencia, nos produce una profunda tristeza, porque Catalunya no se merece este tipo de políticos con tan poco empuje y tan escasa visión del futuro colectivo de su pueblo.

Toca, pues, seguir esperando y sobre todo, lamentarse, porque esta forma de entender la política es sencillamente desesperante.

¡Ay Tarradellas, cuánto te echo de menos!........

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