jueves, 19 de octubre de 2017 20:21
Opinión

ESPERPENTO A LA CATALANA

Joan Ferran
Joan Ferran

Algunos educadores y sociólogos explican que el uso generalizado entre la población juvenil -y la que no lo es tanto- de las nuevas formas de comunicación tipo SMS, WhatsApp o Twitter reduce considerablemente la riqueza del vocabulario y el uso de un léxico variado y rico en sugerencias.

Algunos educadores y sociólogos explican que el uso generalizado entre la población juvenil -y la que no lo es tanto- de las nuevas formas de comunicación tipo SMS, WhatsApp o Twitter reduce considerablemente la riqueza del vocabulario y el uso de un léxico variado y rico en sugerencias. No sé qué decirles. Comprimir ideas y mensajes en ciento cuarenta caracteres seguramente ejercita la capacidad de síntesis. Cierto, pero quizás eso actúe negativamente sobre el uso del matiz y las formas. Muchas veces uno tiene la impresión de que el mundo que nos rodea es excesivamente taxativo y lacónico. Pues bien, cuando este fenómeno de reducción del matiz y el lenguaje escrito penetra en el ámbito de la política los efectos colaterales pueden ser altamente conflictivos. Observen, por ejemplo, la polémica que ha sido capaz de desatar un Twitter de Willy Toledo con su afán de criticar el papel de Occidente en los conflictos que afectan a Oriente Medio. Aún recuerdo el alboroto que generó en su día otro Twitter de Tony Cantó respecto a los animales; o las polémicas frases que lanza al espacio con frecuencia García Albiol, alcalde de Badalona, cuando se refiere a los musulmanes?

Los mensajes comprimidos son como la comida fast-food, no siempre convienen a los organismos delicados y nuestra sociedad lo es. Pero cuando el tema puede llegar al ridículo más espantoso es cuando un presidente de la Generalitat, y un aspirante a serlo con prisas, riñen durante meses intentando salvaguardar sus intereses particulares y partidistas.

Repasemos. El primer acto del vodevil soberanista se inició con unas invitaciones mutuas para asistir, como espectadores de primera fila, a sus respectivas conferencias públicas en un intento de fagocitar al invitado. Los ciudadanos espectadores no entendieron nada, Duran y los cuadros convergentes menos. Confieso que el segundo acto de la comedia fue más discreto -llamadas telefónicas, cartas y mensajes lanzados al éter por correligionarios segundones- aunque no exento de malicia. Pero, amigos míos, la apoteosis final ha llegado con la última misiva de Mas, la balbuciente respuesta de Marta y Oriol y un largo SMS presidencial. Poco serio y harto patético todo ello ¿No creen?


El supuesto dialogo-negociación entre Mas y Junqueras comienza a desplazarse desde el vodevil hacia el esperpento. Eso sí, un esperpento a la catalana, de país, de los de casa.

¡Ah!...Si Valle Inclán levantara la cabeza?

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