jueves, 19 de octubre de 2017 23:59
Opinión

Defender la libertad de expresión, ahora más que nunca

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

Directora de PressDigital

Estos días, la sociedad en general ha estado y sigue consternada por los asesinatos de los periodistas de la revista Charlie Hebdo, perpetrados por unos asesinos cuyo principal objetivo es la intolerancia a los derechos de los demás, es decir, a la Libertad que cualquier persona o medio tiene derecho en un país democrático.

Estos días, la sociedad en general ha estado y sigue consternada por los asesinatos de los periodistas de la revista Charlie Hebdo, perpetrados por unos asesinos cuyo principal objetivo es la intolerancia a los derechos de los demás, es decir, a la Libertad que cualquier persona o medio tiene derecho en un país democrático. La libertad de expresión que han estado ejerciendo los periodistas de Charlie ha tenido un coste altísimo: la muerte de 12 de ellos por no renunciar al deber de todo periodista de contar la verdad, o en el caso de ellos, utilizar el humor para denunciar hasta qué punto los fanatismos pueden destruir las mentes de los individuos y convertirlos directamente en asesinos de personas , ideas y libertades.

Si la libertad de expresión significa algo es la de decir las cosas a aquellos que no quieren oírlas. Los compañeros de Charlie, pese a estar amenazados, nunca habían renunciado a ejercer ese derecho y la obligación de explicar las cosas que pensaban y veían, con esas caricaturas que al verlas, no podías evitar una sonrisa, y en algunos casos más de una carcajada, porque el ingenio, la astucia, la creatividad y la inteligencia se veían reflejados en ellas. El miedo, la mejor arma utilizada por los terroristas, no ha hecho efecto en la conciencia del deber de informar de los asesinados que han pagado con sus vidas, algo que no debemos olvidar. La defensa a ultranza de la libertad de expresión debe estar siempre presente, porque los periodistas, los medios de comunicación, debemos ser la artillería de la libertad, por mucho que les pese a los intolerantes y a todos los poderes del mundo. Ser periodista es el compromiso diario con los ciudadanos de contarles todo aquello que está sucediendo en su entorno, o en el mundo, sin cortapisas, sin maquillaje y pese a que moleste a los gobernantes de turno. "El periodismo mantiene a los ciudadanos avisados, a las putas advertidas y al Gobierno inquieto", decía alguien. Ser periodista es estar exigiendo constantemente que cuenten la verdad y sean transparentes aquellos que nos gobiernan, y no dejarse en el bolsillo aquellas preguntas que incomoden al poder. Nuestra gente también tiene que hacer una profunda reflexión y autocrítica. Muchos compañeros hacen de esta profesión un teatro surrealista y crematístico.

La lección que nos han dado los compañeros de Charlie Hebdo no debe dejarnos indiferente sino que nos debe servir de ejemplo para que el miedo no nos dejen paralizados como las estatuas, sino que sigamos luchando por defender la libertad de expresión, ahora más que nunca.

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