sábado, 16 de diciembre de 2017 12:13
Opinión

¡Cuidado con las euforias! 

Joan Carles Gallego
Joan Carles Gallego
Secretario general de CCOO de Cataluña

Los primeros días del año nos llevan dos citas, una de religiosa, la de los Reyes Magos, y la otra mercantil, las rebajas. Una y otra nos transportan un rato fuera de la realidad, como si quisieran hacernos creer que tendremos lo que soñamos o que todo está a nuestro alcance. La realidad, sin embargo, sigue siendo dura y compleja como lo era al terminar el año.

Los primeros días del año nos llevan dos citas, una de religiosa, la de los Reyes Magos, y la otra mercantil, las rebajas. Una y otra nos transportan un rato fuera de la realidad, como si quisieran hacernos creer que tendremos lo que soñamos o que todo está a nuestro alcance. La realidad, sin embargo, sigue siendo dura y compleja como lo era al terminar el año. Quizás el ministro o consejero de turno viven estos primeros días del año con la ilusión infantil o material de los reyes y las rebajas. Pero eso no los justifica ni por el optimismo triunfante con que interpretan como «muy buenas» los datos de paro, ni por complacencia autocomplaciente con que apuntan un 2015 esplendoroso para la economía y el mercado de trabajo. Que el día 5 se hagan públicos los datos del paro no es un presente «real», ya que cada mes se publican más o menos en la misma fecha. Ni se pueden presentar como el signo que hemos acertado el camino que nos lleva al portal de la recuperación gracias a la estrella que marcan sus políticas de recortes de derechos laborales y sociales.

Desgraciadamente los signos no terminan de dibujar la esperanza, la recuperación es débil e incierta. Pero lo que es peor, en mantener las políticas, nos alejan de los sueños de la plenitud de derechos laborales y sociales. Los datos del paro registrado, correspondientes tanto en diciembre como en todo el 2014, muestran una cierta mejora, ya que hay menos personas registradas como demandantes de empleo (575.948, un 7,8% menos que hace un año; 48.924 personas, pero sólo un 1% menos, 5.704, que en el mes de noviembre). Cuentan, sin embargo, más cosas. Hay muchas personas que ya ni buscan trabajo por desánimo (48.924 parados menos, pero sólo 20.131 contratos más, la mayor parte temporales) o la buscan fuera del país (más de 10.000 personas inmigrantes ya no figuran en el registro y en su mayoría han salido del país ). El paro registrado muestra que la reducción es mayor en los hombres que en las mujeres (-10,5% los hombres y -5,1% en las mujeres) se evidencia así el retroceso de las políticas de igualdad como consecuencia de los recortes de derechos sociales que, por un lado, limita la creación de empleo en sectores de alta ocupación femenina y, por otro, recluye las mujeres al cuidado de niños y personas mayores no atendidos por el desmantelamiento de determinados servicios. La población menor de 25 años que busca trabajo sin éxito es de 36.819 jóvenes, y que el mayor peso de reducción (1.491 jóvenes, un -3,9% respecto al mes de noviembre) respecto el general se debe al componente estacional de las vacaciones y, por tanto, trabajo efímera. Los datos de la contratación se incrementan respecto al 2013 (20.131 contratos más, 14.969 de los cuales son temporales y sólo 5.162 son indefinidos), pero no respecto a noviembre que se ha reducido (11.013 contratos menos, -3.177 indefinidos, -13, 2%, y -7,836 temporales, -4,5%).

La síntesis es: más precariedad y menos protección. Hay menos personas registradas pidiendo trabajo que hace un año (pero más del doble que hace 6 años), aunque esto no corresponde a las nuevas contrataciones, que no son tantas y, además, temporales, ya que hay mucha gente que no se registra, por desánimo o porque emigra. Las debilidades del mercado de trabajo y la precariedad instalada es confirman por el alto nivel de temporalidad de la nueva contratación. Muchas personas en situación de desempleo no reciben ningún tipo de prestación, ya que sólo hay 353.631 perceptores (sea prestación contributiva, subsidio o renta activa). Por lo tanto el panorama es de precariedad, pobreza y desigualdad. No permite valoraciones eufóricas como las que hace el Gobierno. La creación de empleo no puede ser a costa de su calidad, lo que supone el deterioro de las condiciones de vida y de trabajo de las personas trabajadoras, pero también una importante pérdida de calidad de la producción. La pobreza laboral crece por la precarización del mercado de trabajo (parcialidad y temporalidad abusivas), por la devaluación de salarios y la desregulación de las condiciones de trabajo.

Para cambiar eso tenemos que cambiar las políticas. Hacen falta políticas públicas que reactiven la economía: una reforma fiscal integral y presupuestos públicos que recuperen los servicios y el empleo público, políticas industriales activas, salario mínimo justo. Políticas que garanticen la protección social: una renta para las personas sin trabajo de más de 45 años con hijos a cargo y una renta garantizada de ciudadanía (RGC) como respuesta a la pobreza y la exclusión social. Recuperar derechos laborales: garantizando el derecho a la negociación colectiva, estableciendo una política de incrementos salariales para recuperar el poder adquisitivo de las personas trabajadoras y así, reactivar la demanda interna y una actitud más dura de la Inspección de Trabajo para que se persiga el fraude en la contratación.

Los reyes o las rebajas pueden generar y ilusiones. Pero si hablamos de recuperar derechos, de combatir la precariedad, la pobreza y la desigualdad, más que ilusiones necesitan realidades.

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