miércoles, 16 de agosto de 2017 15:19
Opinión

Se desliza el mundo hacia una guerra

Roberto Laxe
Roberto Laxe

Desde amplios sectores sociales, tanto de la izquierda como de la derecha, se viene anunciando que el mundo está al borde de una nueva "guerra fria", como una continuidad entre la "guerra fría" que enfrentó a la URSS con los EE UU hasta la caída del Muro de Berlin y la restauración del capitalismo.

Desde amplios sectores sociales, tanto de la izquierda como de la derecha, se viene anunciando que el mundo está al borde de una nueva "guerra fria", como una continuidad entre la "guerra fría" que enfrentó a la URSS con los EE UU hasta la caída del Muro de Berlin y la restauración del capitalismo.


Para los "antiimperialistas" nostálgicos de la URSS, la ofensiva actual de la OTAN y los EE UU hacia Rusia sería una prolongación de ese proceso; y nada más lejos de la realidad. El mundo no avanza hacia una guerra "fría", porque ésta se basaba en que la URSS no tenia la menor intención de enfrentar militarmente al imperialismo; su política de coexistencia pacifica y socialismo en un solo país constituían la base del mantenimiento del poder de la burocracia. Si ésta hubiera ido a una guerra "caliente" con el imperialismo, se hubiera visto obligada a buscar el apoyo de la clase trabajadora mundial, aunque fuera burocráticamente, como hizo en la posguerra mundial; y el choque revolucionario entre el estado no capitalista de la URSS y el imperialismo abriría las puertas a nuevas victorias revolucionarias, ... pero también pondría en riesgo el poder de la burocracia, o por la victoria capitalista o por el ascenso revolucionario.


Este juego a la estabilidad social y a la coexistencia pacifica era la base del poder de la burocracia; por eso, la guerra fría nunca se transformó en guerra caliente, y terminó como terminó, con la destrucción de la conquistas que eran la expropiación de la burguesía en un tercio de la humanidad.


Veinte años después de la restauración total del capitalismo en Rusia no hay una burocracia conservadora, que hacia equilibrios entre la coexistencia con el imperialismo y las estructuras no capitalistas en las que se basaba, sino una burguesía que se construye sobre el desmantelamiento mafioso de las estructuras del estado obrero. Una burguesía que ve la debilidad en las potencias imperialistas y quiere su parte en el pastel del mercado mundial.


Los enfrentamientos entre Rusia y los EE UU, con el flanco de la UE y la retaguardia de China, no son ya entre un estado obrero burocrático y la gran potencia imperialista, sino entre un estado capitalista que sale de un proceso de acumulación de capital salvaje, y una potencia imperialista endeudada con todo el mundo, que mantiene su hegemonía mundial sobre la base del binomio "marines-dólar". Esto hace más explosiva la situación que en el periodo de la guerra fria, porque sabemos por dos experiencias en el siglo XX que la lucha por el dominio del mercado mundial, estuvo en la raiz de las dos guerras que asolaron Europa y el mundo. El capitalismo no puede renunciar a la guerra porque lo lleva en su codigo genético, las naciones burguesas se forjaron a través del enfrentamiento militar entre ellas a lo largo del siglo XVIII, XIX y XX, y no será ahora cuando renuncien a ella.

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