martes, 24 de octubre de 2017 02:19
Sociedad

Más de 8.000 maltratadores hicieron cursos de reeducación en el 2013

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De las 48.653 condenas a medidas alternativas al ingreso en prisión que dictaron los jueces por delitos de violencia de género el año pasado, 8.298 obligaban a los hombres a cursar un programa de reeducación, conforme los datos oficiales. Se trata de personas sin antecedentes penales, que no parecen suponer un peligro para sus víctimas y reciben una sentencia inferior a dos años de cárcel. Según los expertos consultados, da resultado: las tasas de reincidencia están por debajo del siete por ciento.

Los penados, sujetos al programa PRIA que administra Instituciones Penitenciarias y ejecutan distintas ONG en todo el territorio nacional, están así obligados por sentencia judicial a asistir, participar activamente y con buen comportamiento a nueve meses de sesiones semanales, grupales e individuales de terapia en las que se abordan desde el control de la ira y la gestión de las emociones, hasta la deconstrucción de conceptos erróneos sobre el papel del hombre y de la mujer en la familia.

CUPIF (Con un Pie Fuera) es una de las entidades que ejecuta, entre otros, estos talleres fuera de la cárcel. Trabaja desde hace 20 años con Instituciones Penitenciarias, contribuyó al diseño de las terapias que se realizan a nivel nacional y su personal es voluntario, tanto la presidenta, Susana Díaz; y el coordinador, José Luis Regueras; como los psicólogos, sociólogos y criminólogos responsables de los grupos de terapia. Tratan entre 100 y 120 maltratadores al año y en 2014, por primera vez, han perdido la subvención pública que tenían para ello.

Defienden su labor de quienes ven prioritario trabajar con la mujer con el argumento de que la prevención de la reincidencia es, precisamente, el mejor servicio social. No pierden de vista que se trata de condenados y no justifican sus delitos desde ningún prisma. Eso sí, parten de la idea de que existen problemas de comunicación, de gestión de las emociones y de conducta que tienen remedio. "Aquí se mira un 99% de la persona y un 1% del delito", dice Regueras. Su tasa de reincidencia es del dos por ciento.

Cada grupo tiene un coordinador y dos o tres monitores. Componerlo y crear un clima de confianza es el primer paso. "La actitud de las personas que vienen al programa el primer mes es de rechazo. No han interiorizado que están penados, porque no han pisado la cárcel, y no han interiorizado el delito: la culpa es de la ley, del abogado, de las mujeres.

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