lunes, 23 de octubre de 2017 04:41
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La mitad de las mujeres con alguna adicción sufre violencia de género, pero no recibe la atención integral necesaria

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Más de la mitad de las mujeres con algún tipo de drogodependencia sufren además, violencia de género. Sin embargo, la falta de recursos especializados en el abordaje integral de ambas problemáticas dificulta su detección, las deja en muchos casos atrapadas en un círculo vicioso en el que maltratador y sustancia van de la mano y produce que muchas "se acaben perdiendo por el camino" que lleva a la recuperación.

Lo explican distintos estudios y expertos consultados por Europa Press para poner el acento en una realidad que permanece oculta por "la doble vulnerabilidad y el doble estigma" que implica sufrir malos tratos cuando se tiene alguna adicción y por la falta de conciencia social, cuando no justificación, de una problemática muy concreta que no sale en las estadísticas. "Si ya de por sí las víctimas de violencia de género acceden poco a los recursos, cuando concurre una drogadicción mucho menos, y cuando llegan a los de emergencia porque se ha producido una situación de maltrato --como un piso tutelado--, se encuentran con que no se las puede acoger porque no están preparados para ello: se las deriva a prevención de drogodependencias", explica Yolanda Nieves Martín, del departamento de Innovación, Investigación y Desarrollo de Fundación Atenea.

La experta destaca que la detección de los malos tratos en estos casos es aún más complicada, por un lado, porque "si se tiene una situación de consumo activo se tiende a minimizar la violencia y para ellas mismas, es secundario frente a la necesidad de estabilizar y reducir" su adicción, y, por otro, "porque en un recurso de drogodependencias se habla de drogas, no de todo lo demás, con lo cual es complicado que los profesionales sepan que estás cosas se están dando". "Hay una cuestión transversal de género en la drogodependencia. En una mujer está más penado socialmente ser drogodependiente, con lo cual ellas tardan más en reconocer esa situación y por tanto, les es más difícil obtener ayuda. Obviamente, si estás en consumo activo y estás ejerciendo la prostitución, por ejemplo, con lo que sumas dos situaciones alegales, es más difícil que te acerques a un cuerpo de seguridad a denunciar. También es más difícil que te escuchen", plantea la experta.

Con todo, cuando en la red de drogodependencia se detecta esa situación de maltrato, "los profesionales muchas veces tampoco están preparados para un abordaje más allá de la derivación a recursos que puedan existir de violencia de género, donde las mujeres tienen problemas por su condición, sobre todo si tienen un consumo activo no estabilizado, para ser atendidas".

La presidenta de la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas, Ana María del Campo, le da la razón. En sus recursos de acogida no se admiten mujeres en consumo activo de cualiquier estupefaciente, como tampoco con problemas de alcoholemia. "No se puede intervenir con un programa de violencia de género con una mujer si hay drogodependencia, de ninguna manera. Es esencial que la víctima salga del consumo para que pueda entrar en una recuperación integral", afirma.

En su opinión, son los centros de atención a la drogodependencia (CAD) quienes deberían tener unidades de violencia de género en las que empezar a trabajar mientras se trata a la mujer de sus adicciones porque "es practicamente imposible que quien se ocupa exclusivamente de la violencia de género lo mezcle con tratamiento de drogadicción". "Así no se recupera nadie, ni esa persona que viene con la dependencia, ni el resto de las mujeres que tienen una situación de maltrato", asegura.

"UN PROBLEMA GENERAL"

Para Yolanda Nieves Martín, "es un problema general de la red de atención y de servicios sociales a nivel nacional". "No se hace una atención integral a la persona. Están para atender una dificultad concreta, pero no para prestar una respuesta integral a la mujer, es decir, te atienden de una de las cosas que te pasan, pero no de todas", plantea.

Esta es la tesis que sostiene la ONU, que defiende la atención a la drogodependencia con perspectiva de género, y de la que en España hace bandera entre otros el Consejo General del Trabajo Social (CGTS). La presidenta, Ana Lima, defiende que se debería "formar a los profesionales de la red de drogodependencia en perspectiva de género porque siendo la adicción algo estigmatizante, es mucho peor para las mujeres que sufren malos tratos, y son muchos más los casos en que les cuesta reconocerlo". "Deberían estar por lo menos, ampliamente formados en ambos temas y tener una red de coordinación importante porque las mujeres se pierden por el camino entre un recurso de violencia y uno de drogodependencia y al final recaen con su pareja que la maltrata, recaen con el consumo de la sustancia a la que es adicta o con los dos", explica.

JOVEN, CON ONCE AÑOS DE EVOLUCIÓN DE CONSUMO

Lima recuerda un reciente estudio de la Asociación de Centros de Día según el cual, un 53% de las mujeres atendidas por drogodependencias sufrían o habían sufrido violencia de género. El perfil, conforme los datos recopilados por la Fundación Aspacia en un monográfico sobre este asunto, es el de una mujer en torno a los 36 años, con un nivel medio de estudios y una adicción, generalmente al alcohol o la cocaína, con una evolución de once años. "Cada caso es diferente. Hay mujeres que llegan al consumo por una situación previa de maltrato y mujeres que sufren malos tratos paralelamente a su consumo", explica la representante de Fundación Atenea. Desde la Asociación Pro Derechos de la Mujer Maltratada (APRODEMM), la presidenta, Sagrario Mateo, añade otra variable, la de muchas mujeres "que conviviendo con una situación de malos tratos, se dan al alcohol o a la cocaína como vía de escape, como forma de sobrellevarlo".

Lima añade otra casuística, la de aquellas a quienes su pareja después maltratadora, las inició en el consumo. "He conocido casos de mujeres cuyas parejas las fuerzan a interrumpir los tratamientos porque quieren tenerlas sumisas y lo más dependientes posibles. Mujeres cuyas parejas las explotan para conseguir dinero para droga para ambos. Hay muchas situaciones que multiplican el nivel de riesgo sólo porque son mujeres, y que no reciben una atención integral", denuncia.

Para Yolanda Nieves Martín, "es un problema general de la red de atención y de servicios sociales a nivel nacional". "No se hace una atención integral a la persona. Están para atender una dificultad concreta, pero no para prestar una respuesta integral a la mujer, es decir, te atienden de una de las cosas que te pasan, pero no de todas", plantea.

"Hay una cuestión transversal de género en la drogodependencia. En una mujer está más penado socialmente ser drogodependiente con lo cual ellas tardan más en reconocer esa situación y por tanto, les es más difícil visibilizarse como tal y obtener ayuda. Obviamente si estás en consumo activo y estás ejerciendo la prostitución, por ejemplo, con lo que sumas dos situaciones alegales, es más dificil que te acerques a un cuerpo de seguridad a denuniar. También es más dificil que te escuchen", añade Yolanda Nieves Martín.

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