viernes, 15 de diciembre de 2017 15:03
Opinión

ABRIENDO ESCOTILLAS

Joan Ferran
Joan Ferran

Digamos las cosas por su nombre. Si el 9N los mossos d'esquadra hubieran impedido la votación confiscando urnas, o cerrando colegios electorales, el llamado 'problema catalán' se hubiera agudizado hasta extremos insospechados.

Digamos las cosas por su nombre. Si el 9N los mossos d'esquadra hubieran impedido la votación confiscando urnas, o cerrando colegios electorales, el llamado 'problema catalán' se hubiera agudizado hasta extremos insospechados. Es más, hubiera proporcionado a los independentistas más radicales argumentos infinitos para construir la típica espiral inspirada en la dinámica acción-reacción. Afortunadamente la cosa no fue así, por mucho que les pese a determinados sectores del PP ansiosos por ver como el gobierno central se hacía respetar en Cataluña. Los populares catalanes han sido los primeros en sufrir i lamentar el quietismo, la falta de estrategia, de Mariano Rajoy en relación con la Consulta. Los populares del resto de España han ido comprobando, desesperados, como el curso de los acontecimientos iba centrifugando la autoridad del gobierno hasta extraviarse en el agujero negro de una galaxia desconocida.

Enarbolar, como ha hecho el PP, el discurso de la legalidad como antídoto a todos los males ya no es suficiente. Ha llegado el momento de hacer política recuperando el don del diálogo tanto como el de la flexibilidad, aparcando maximalismos pero también la puñetería disfrazada de astucia con la que nos ha obsequiado Artur Mas. Humildemente abogo por una reforma constitucional enmarcada en una perspectiva federal. Opino que, a día de hoy, reformar la constitución española puede resultar menos arriesgado o conflictivo que negarse a hacerlo. Pedro Sánchez en Madrid, y el PSC en Cataluña, ya han apuntado algunas ideas iniciales al respecto. Ambos pretenden y propugnan una profunda regeneración de la vida pública que lleve pareja el reconocimiento de derechos individuales y colectivos. Ambos plantean mejorar el modelo territorial incluyendo, obviamente, un nuevo sistema de financiación autonómico más justo y la reforma del senado?

El inmovilismo, la falta de una gimnasia política sensata, provoca la pérdida de músculo democrático, abre las puertas al populismo y ablanda la moral del ciudadano. Urge pues que los máximos responsables políticos del país ?gobierno y oposición, capitalinos y periféricos- se pongan manos a la obra. Mariano Rajoy ha de comprender que no puede vivir eternamente sumergido. Ha llegado el momento de que suba a flote, a la superficie, y abra con presteza las escotillas?a no ser que prefiera naufragar.

Joan Ferran

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