viernes, 20 de octubre de 2017 12:38
Opinión

Crónica de una suspensión anunciada

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Como ya pasó el 29 de Septiembre con el 9-N plebiscitario, también en este 4 de Noviembre el Tribunal Constitucional ha prohibido preguntar a los catalanes, a iniciativa de la Generalitat, sobre sus ansias de independencia. Que me perdone el gran Garcia Marquez, allá donde se encuentre, por haber casi "fusilado" i el titulo de la obra que publicó en el ya lejano 1981 y que ha sido considerada como una de las cien mejores novelas escritas en español en el siglo XX.

Como ya pasó el 29 de Septiembre con el 9-N plebiscitario, también en este 4 de Noviembre el Tribunal Constitucional ha prohibido preguntar a los catalanes, a iniciativa de la Generalitat, sobre sus ansias de independencia. Que me perdone el gran Garcia Marquez, allá donde se encuentre, por haber casi "fusilado" i el titulo de la obra que publicó en el ya lejano 1981 y que ha sido considerada como una de las cien mejores novelas escritas en español en el siglo XX.

En la víspera de la decisión provisional del Alto Tribunal, ya sabíamos lo que iba a pasar cuando este martes a las 10 horas se reuniera el pleno ordinario del Constitucional, tras la decisión de su Presidente Francisco Pérez de los Cobos de incluir en el orden del día el recurso del Gobierno Rajoy de solicitar la "suspensión cautelar" de la que aquí en este diario hemos llamado "macroencuesta" del día 9, tras haber consultado el jefe del Ejecutivo al Consejo de Estado, que también por "unanimidad" le daba previamente la razón. Así pues, como ya pasó antes, los periodistas ya dijimos y publicamos como acabaría el tema, jurídicamente hablando. O sea estábamos hablando de la "Crónica de una suspensión anunciada".

Y eso, tan sencillo, es tan malo para la credibilidad del Constitucional, que asusta pensar que este Gobierno sabe de antemano como conseguir decisiones de tanta gravedad por un camino previamente diseñado y claramente favorable a sus intereses políticos. Incluso, para los que no somos independentistas este panorama se nos antoja kafkiano y socialmente desalentador.

No creo yo que los llamados padres de la Constitución concibieran el texto básico de la Democracia española para que los Magistrados que lo interpretan dicten sentencias al dictado de ningún gobierno, sea del color político que sea, o dejándose influir por el estado de opinión que se refleje en los medios de comunicación por muy influyentes que éstos sean, ya que, hacerlo así, significa que esto no parece una democracia parlamentaria, sino todo lo contrario.
Saber de antemano cual iba a ser la decisión del Constitucional y que hayamos acertado en las tres ocasiones- la primera fue la del fallido Estatut- en que ésta ha afectado "gravemente" a la convivencia en Catalunya, nos ha dejado perplejos y sobre todo, muy mosqueados, porque, aunque no nos guste el proceso secesionista, sus ideas y propuestas nos merecen el mismo respeto que las que pueda tener y de hecho tiene el gobierno del partido popular. O sea, que por una vez, casi todos los catalanes estamos de acuerdo. Por fin lo han conseguido.

Manuel Fernando González

Editor

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