domingo, 20 de agosto de 2017 06:14
Opinión

Cáritas tiene razón

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

El Secretario General de Cáritas Sebastián Mora afirmaba ante la prensa que "la potente red familiar que tenemos en España ha ayudado a que la crisis se haya soportado de otra manera". A continuación, pidió políticas "fuertes" para reforzar esa estructura.

El Secretario General de Cáritas Sebastián Mora afirmaba ante la prensa que "la potente red familiar que tenemos en España ha ayudado a que la crisis se haya soportado de otra manera". A continuación, pidió políticas "fuertes" para reforzar esa estructura.

Y como en estos asuntos hay que mojarse porque, con corrupción o sin ella, hay que seguir tirando del carro de la pobreza de los españoles, malvivan donde malvivan, uno lo desea hacer claramente apoyando esa tesis, tan elemental como razonable.

Porque, si las prestaciones sociales no llegan o no existen, y el empleo crece poco y mal, diga lo que diga el gobierno son las organizaciones sociales el mejor termómetro para tomarle el pulso al descontento social y, sobre todo, a sus verdaderas urgencias. Y esas muy agobiadas instituciones que reparten alimentos como nunca lo habían hecho y pagan luz y agua cuando la extenuación económica asfixia a las familias, saben muy bien que las pensiones de los mayores y la solidaridad entre los parientes hace mucho más que los bancos, la seguridad social y hasta el BCE juntos.

Son estos unos tiempos en los que son muchos los que miran la unión familiar como un residuo muy arcaico de las enseñanzas nacional católicas que, sí o sí, hemos tenido que asimilar durante gran parte de nuestras vidas, nos gustara o no. Y eso lo defienden sin entrar a valorar las raíces sociales que también la fundamentaban y que nos eran trasmitidas desde tiempo inmemoriales. Veíamos, por ejemplo, ya de niños cómo los abuelos morían en la casa paterna y que solo acababan sus días en los "asilos" solo aquellos que no tenían parientes ni nadie a quien acudir en las noches de invierno. Eran tiempos en que la madre cuidaba de todos nosotros sin admitir que el cansancio o las adversidades le privaran de lo que para ella era su principal cometido en la vida. No había lujo posible, pero sí inmensas cantidades de amor maternal lleno de "palabras mágicas" que lo curaban todo y llenaban el estómago con inventos magistrales, porque entonces tampoco se había inventado el Banco de Alimentos. Hoy tanto desvelo y mejor ingenio ha dado sus frutos convirtiéndonos en padres coraje cuando muchos han tenido que vivir situaciones de desahucio o buscar los alimentos en Cáritas o rebuscando en la basura del Día o Caprabo, porque este mundo, muy a nuestro pesar, está dirigido por gente sin escrúpulos que, de repente, se ha vuelto loco y no sabe hacia dónde nos lleva. Y cómo no, recordar también la autoridad del padre que trabajaba de sol a sol y que siempre, por la noche, cuando nos preguntaba por lo que habíamos hecho en la escuela, acababa dándole siempre la razón al maestro cuando nos castigaba por nuestras travesuras. Su entereza de entonces ha conseguido ahora despertar, de nuevo, nuestra conciencia para devolvernos a la realidad de que, poniéndoselo fácil a los hijos, lo único que hemos conseguido es generar pequeños monstruos que ahora hay que decirles no a todo lo que piden, exclamamos aquello de "qué bien me hubiera venido ser como mi padre que, con una mirada, nos sentaba a todos a la mesa".


¡Ay, la familia! ¡Qué gran invento para los tiempos de crisis! Y que haya gente que le parezca todavía una reliquia del pasado. En fin... que Cáritas tiene razón y, por lo tanto, que a este gran invento hay que protegerlo y, sobre todo, conseguir que de este manicomio de sociedad en la que se mueve y protege a los suyos sobreviva y salga reforzada.

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