miércoles, 18 de octubre de 2017 06:05
Opinión

¿Están como nunca nuestros bancos?

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Por mucho que los mejores expertos te aseguren que la verdad es solo una, por supuesto, la suya, hay veces en las que el sentido común, al decirte lo contrario, te advierte de que te están vendiendo una moto o han tratado de colocarte delante de los ojos una cortina de humo para que pierdas de vista la realidad y, con ello, te confundas en un mundo que no es el tuyo.

Por mucho que los mejores expertos te aseguren que la verdad es solo una, por supuesto, la suya, hay veces en las que el sentido común, al decirte lo contrario, te advierte de que te están vendiendo una moto o han tratado de colocarte delante de los ojos una cortina de humo para que pierdas de vista la realidad y, con ello, te confundas en un mundo que no es el tuyo.


Pasa con lo de la salida de la crisis, y ahora, por impulso reflejo, con el estrés de los bancos españoles, que como el viejo anuncio del brandy Fundador "están como nunca", mientras el resto de los ciudadanos hemos retrocedido a los años cuarenta en los que el auxilio social funcionaba a tope, como ahora pasa con los bancos de alimentos que tampoco dan abasto.


¿Qué cómo es posible tanta milonga si no estamos en Buenos Aires? Pues, sencillamente, porque el famoso estrés no lo sufren los bancos sino nosotros, la inmensa mayoría de los españoles, incluidos los catalanes partidarios del 9 N, que tampoco se escapan de un día a día tan adverso. Por eso, cuando ayer salió el Banco Central a contarnos que aquí nuestras entidades financieras estaban de "notable alto para arriba", naturalmente nos alegramos, no tanto como cuando Nadal gana el Open de Estados Unidos, pero sí hasta el aprobado raspado con el que la opinión pública puntúa una buena noticia que siempre se agradece, especialmente, en tiempos tan poco gratos. Aunque, pasada la sonrisa inicial, casi imperceptible, continuación todos nos preguntamos cuándo nuestros banqueros iban a soltarnos "el parné" que dice el BCE atesoran en sus cuentas, para que así el consumo mejore y los pequeños y medianos empresarios puedan modificar la tasa de paro que asfixia la economía nacional. Y claro, ahí el clamor de los medios de comunicación ha sido escandaloso, sin que "el silencio sepulcral" que han dado como respuesta las entidades bancarias nos anime a pensar que algo va a cambiar en nuestras vidas.


Porque si después del dinero que ha recibido nuestra banca a precios de mercado que la gente común no obtendrá nunca, ésta no da un paso adelante, habrá que pedirle al Señor Draghi que sea el propio organismo que preside el que se encargue de esa tarea, porque la situación de la Europa de los ciudadanos, especialmente en España, Francia, Italia, Portugal y Grecia ya no da más de sí, ya que precisa de medidas urgentes que eviten que la indignación de la gente se traslade a las calles y de allí a las urnas, de las que seguramente saldrán parlamentos muy inestables y por lo tanto, gobiernos muy débiles incapaces de sacar adelante sus economías nacionales.


Así que, superado el estrés de los banqueros, ahora toca curar la ansiedad galopante que sufre la inmensa mayoría de los europeos del sur, antes de los mesías de turno vuelvan a convertir la vieja y corrompida Europa en un nuevo campo de batalla.

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