lunes, 18 de diciembre de 2017 12:02
Opinión

Las elecciones más importantes de los últimos años

Luis Nassif
Luis Nassif

Hay analistas que creen que las elecciones de 2018 serán las decisivas. Las señales de cambio estarán más claras, habrá una oposición con mayor definición en los puntos clave de la nueva etapa política, etc.

Hay analistas que creen que las elecciones de 2018 serán las decisivas. Las señales de cambio estarán más claras, habrá una oposición con mayor definición en los puntos clave de la nueva etapa política, etc.

De hecho, hoy en día en rigor no existe un proyecto alternativo de oposición.

El PSDB Aecio Neves pretende apuntar algo nuevo reflejándose en lo viejo y denunciando el vuelo de una mosca.

La sostenibilidad, de Marina Silva, captó lo nuevo, los nuevos movimientos que ya no encajan en el viejo marco institucional brasileño ? de los actuales partidos políticos, sindicatos, asociaciones y otras estructuras jerárquicas. Lo captó pero no sabe qué hacer, porque, estrictamente hablando, un símbolo (la imagen de Marina) y un principio (la participación) no son suficientes para componer un partido político.

Pero están ya planteados conceptos que deberán estar cada vez más presentes en el día a día de la política, marcando definitivamente las próximas décadas.

Uno de ellos es precisamente el de la democracia participativa. Después de las manifestaciones de junio de 2013, y mucho más ahora, después de la campaña, se ha tornado insoportable la mera perspectiva de decisiones de gobierno venidas de donde vienen.

Este modelo de gobierno, siendo ampliamente mayoritario en la vida pública brasileña, ha envejecido de forma irreversible. Más que nunca, la Constitución de 1988 entrará en su fase final, completando el ciclo democratizador por ella inaugurada, con la consagración de conferencias y otras formas de participación, que junten a ONGs de la élite ilustrada ? como las de Neca Setúbal ? con los movimientos populares.

Esto va de la salud y la educación, los derechos humanos y la innovación, el bienestar y el medio ambiente, los campesinos sin tierra y las tarifas cero, asociaciones empresariales y sindicales, que tendrán que ser llamadas a participar en la construcción de políticas públicas.

Hoy en día, las redes sociales se han convertido en el espacio preferido de la política.

Si es reelegida, será el primer desafío de Dilma Rousseff. Salir del voluntarismo exacerbado del primer gobierno hacia formas mejoradas de participación.

Otro concepto a tener en cuenta es una actualización de la Ley de Transparencia ? en sí misma un gran avance. Debemos profundizar en la democracia digital, con formas digitales de rendición de cuentas más allá de la disponibilidad de los datos en bruto en el Internet.

En el plano económico, los nuevos tiempos requieren dos definiciones precisas.

La primera es de orden político. Dilma deberá asumir ? si es reelegida ? una mayor explicitación de su programa de gobierno. Ya no se puede manejar la economía como una colcha hecha de retales, un barco a la deriva, dirigido por pilotos amateurs, sin que el público tenga una idea del conjunto.

¿Será esta una política de desarrollo? Si lo fuera, hay que revestirla con un discurso unificador, mostrando sus posibilidades y límites. El discurso tiene que ser lo suficientemente claro, y las reglas suficientemente impersonales para eliminar de una vez la actitud nefasta de la selección aleatoria de los campeones nacionales.

Y así, volvemos al tema de la transparencia. Todos los programas ? especialmente los que incluyen subsidios ? deben contener datos precisos sobre los costos y beneficios para la sociedad, metas e indicadores claros de su desarrollo.

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