martes, 12 de diciembre de 2017 11:33
Opinión

Había una vez un circo

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Le detengo, no le detengo, le detengo, no le detengo?y al final? voy y le imputo. Esto de la Justicia ahora con los hijos de Pujol es un verdadero circo que llama la atención porque, además, se produce en un contexto político claramente excepcional como es el que conduce inexorablemente al enfrentamiento en esta Catalunya, la que nos ha tocado vivir.

Le detengo, no le detengo, le detengo, no le detengo?y al final? voy y le imputo. Esto de la Justicia ahora con los hijos de Pujol es un verdadero circo que llama la atención porque, además, se produce en un contexto político claramente excepcional como es el que conduce inexorablemente al enfrentamiento en esta Catalunya, la que nos ha tocado vivir.


Mira que ha habido años e indicios suficientes para que los Fiscales anticorrupción de varios gobiernos de diferente color actuasen de oficio sobre esta familia de "genios de las finanzas". Pues nada. Ha tenido que ser, precisamente ahora, cuando el clima enrarecido de Catalunya se ha hecho casi irrespirable, el momento elegido para abordar un asunto que hasta "las tietas" tenían bastante claro. Y así, el Estado no gana en credibilidad, la Justicia pierde su imagen de independencia y la gente acaba por preguntarse ¿pero en qué sociedad vivimos?


Hoy, un día más, y quedan unos cuantos, los Pujol son noticia. Y los Rakosnik, también. Es como una pesadilla que se repite demasiado a menudo de la que no sabemos cuándo nos vamos a despertar, en la que Catalunya se nos aparece como una joven secuestrada y sometida a toda clase de atropellos sin que nadie, hasta ahora, acierte a liberarla de sus desdichas.

Por si faltaba algo en este terrible despropósito, te enteras de que un Banco catalán le salva el trasero al imputado Rato por el indecente enredo de las tarjetas de la vergüenza con un escandaloso aval, porque dice que es un buen cliente, sin preguntarse si al resto de sus "otros clientes", honrados y trabajadores, les hace gracia que enfangue la imagen institucional de la entidad con semejante decisión. Me refiero, como podrán suponer, al Banc de Sabadell, del hasta hace poco "independentista" Josep Oliu, que ahora ya no se sabe en que mar ideológico y empresarial navega. ¡Qué vergüenza!

Por eso digo, canto y proclamo: Había una vez un circo/que alegraba siempre el corazón/ lleno de color, un mundo de ilusión/ pleno de alegría y emoción?

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