jueves, 17 de agosto de 2017 23:21
Opinión

CARME CAROL, MUCHA MEMORIA, MUCHO CORAZÓN

Vicenç Sanclemente
Vicenç Sanclemente

Los dos últimos actos políticos que compartí con Carme Carol me dejan un halo de tristeza y de grandeza a la vez. De orgullo, de haber estado con ella. En enero del 2008 estaba previsto un discurso de Felipe González en el polideportivo de la Vall d'Hebrón, de Barcelona. Fuimos un poco torpes porque primero nos dirigimos al velódromo. Veíamos gente entrar y al seguirlos, resulta que estaban celebrando una misa evangelista.

Los dos últimos actos políticos que compartí con Carme Carol me dejan un halo de tristeza y de grandeza a la vez. De orgullo, de haber estado con ella. En enero del 2008 estaba previsto un discurso de Felipe González en el polideportivo de la Vall d'Hebrón, de Barcelona. Fuimos un poco torpes porque primero nos dirigimos al velódromo. Veíamos gente entrar y al seguirlos, resulta que estaban celebrando una misa evangelista. Nos retiramos en silencio y nos dimos una gran caminata, -una imprudencia por mi parte-, hasta llegar al polideportivo del Vall d'Hebrón, Allí había empezado el acto oficial, con Carme Chacón y González. Afortunadamente, pudimos sentarla en los pasillos frente al escenario. Tenía 89 años. Ella estaba ansiosa. Esperaba el final del acto para saludar personalmente a Felipe González. Se conocían desde la clandestinidad. Le llevaba el menú firmado por él en el Hotel Oriente de Barcelona, en octubre de 1974. Justo después del Congreso de Suresnes, el joven líder pasó por Barcelona para explicar el resultado a la Federación Catalana del PSOE. En esa comida Carmen estuvo acompañando a su amigo Francisco Ramos Molins.

CARME CAROL

Esa mañana de domingo, al acabar el acto, nos dirigimos a un pasillo exterior. Pero el servicio de seguridad fue extremadamente eficiente y Carme no pudo acercarse a Felipe. Tenían prisa, Ella gritó: "Felipe, Felipe", pero no nos atendieron. La comitiva salió de estampida y nos quedamos sin poderle saludar. Se lo había comentado a algún guardia del partido, que ellos dos se conocían, pero, ni caso. Un poco más lejos, otros cargos de coches oficiales, también nos pedían que dejáramos paso. Se lo estaban reclamando a una de las fundadoras de esa organización que se había vuelto "tan eficiente". Igual era así el destino.

El último acto fue especialmente emotivo. El 1 de julio del 2008 el ayuntamiento de Barcelona, entregó la medalla de oro de la ciudad a quién será recordado como uno de sus mejores alcaldes, Pasqual Maragall. Pasqual había sido en las dos últimas décadas la niña de los ojos de Carmen. Sí, fue así. Era su segunda madre. El líder al que ella más admiraba y a la vez, al que siempre creyó más vulnerable, más humano. Esa tarde, Carme estuvo observando a Pasqual Maragall desde las filas laterales del Salo de Cent. Se sentía especialmente orgullosa, pero también especialmente inquieta. Su enfermedad, la misma que la de Pasqual, el Alzheimer, se estaba desarrollando a pasos acelerados.

Tanta memoria, tanta lucha, no podían quedar en nada. En esos últimos meses, estaba hecha un auténtico lío. Tenía el convencimiento de que habían dejado a Maragall absolutamente solo. No comprendía lo que estaba pasando con la persona que más votos y que más valor añadido ofrecía al PSC, pero intuía perfectamente que estaba sucediendo algo muy grave. Llamaba por las noches preguntando "que está pasando con Pasqual? Porqué nadie dice nada?" Yo creo que uno y otro pasaron por una profunda depresión que aceleró la caída.

Habían vivido juntos muchas horas. Habían caminado quilómetros y quilómetros visitando barrios y calles engalanadas. Ella, y un grupo de fieles acompañaban a Maragall mientras fue alcalde por todas las fiestas, inauguraciones y broncas. Cuando se extendió la campaña "Pascual borracho", ella se enfrentaba con quién hiciera falta. Y sorprendía, que una señora mayor, rubia, de peluquería, que iba con el alcalde donde hiciera falta, le defendiera a capa y espada. Ella y su fiel escolta, Jordi Hernández, apuntaban cualquier queja vecinal?y..lo importante: Después intentaban que los despachos solucionaran los problemas.

Una señora con una cohorte de gente de la tercera edad, con horas y convicciones, podían molestar a cualquier burócrata. Que si los abuelos de las casas bajas de la sagrada familia vivían sin condiciones, que si la gente tropieza en el pavimento de la calle Josep Tarradellas, que si un parque infantil. Eran sugerencias, que saltándose los procedimientos, sacaban de quicio a los "jóvenes gestores". Carme Carol, fundadora primero del PSUC y luego del PSC, tuvo que cambiar varias veces de Agrupación porque molestaba y a los burócratas les era más fácil etiquetar y decir que los jubilados eran muy pesados o estaban "gagá". Pero con lo que nuestros viejos héroes habían pasado, esto no era nada.


Poca gente con su historia. Pocas biografías tan ricas. Tan demostrativas de la dedicación de una vida a un país, a unos ideales a favor de la gente necesitada y de algunos líderes a los que entregó buena parte de su corazón, a veces en detrimento de su familia. Cualquiera le silbaba a Carmen, cuando había empezado a trabajar de muy niña, subiendo leche por las escaleras del mercado de la Llibertat en Gràcia. Aunque ella había nacido en el barrio de Hostafrancs, Carme creció en un ambiente donde predominaba el anarcosindicalismo. Eran sus amigos. Desde pequeña tuvo inquietudes. Y pocos podían pensar que esa joven con cara de niña subiría con una cámara escondida en la ropa en 1934 al barco prisión Uruguay, y haría las fotos que hoy conocemos del presidente Companys. Fue corista en el Paralelo y allí conoció a un grupo de jóvenes con ideales, Ramos, Del Barrio, con los que fundarían les Joventuts Socialilstes Unificades de Catalunya.


También sería muy amiga de los hermanos López Raimundo. Uno de ellos falleció tras los sucesos del 19 de Julio del 1936 en Barcelona.

Carme se casó durante la guerra con Ramos y, tras ella, pasó a Francia caminando, llegando hasta París. Esa joven desconocida fue acogida por Prôsper Moquet y empezó a trabajar a favor de los refugiados españoles. Allí sirvió de enlace entre las dos organizaciones antagónicas, pro-socialista, y pro-anarquista, que trataban de rescatar a los exiliados de los campos de concentración. Cuando la ocupación nazi, esperó en l'Havre, en el último barco, le Paquebot , "la Salle"", hasta el último momento, por si Ramos volvía. Pero estaba en la URSS. Fue víctima de las razzias de la Pasionaria y los estalinistas y le internaron en un Gulag a Sibèria. A Carmen le dijeron que había muerto.

Carmen pasó el exilio en Santo Domingo y después en Venezuela. Allí tuvo a sus dos hijas, Marina y Carme. Añorando siempre su querida Barcelona. A su vuelta, con ellas, también vivió la recuperación de la democracia y se alegró al ver como su antiguo amigo Francisco Ramos Molins, era elegido diputado en el Congreso en la primera legislatura. También compartió las angustias del 23-F y estuvo a su lado, dándole la mano, hasta la muerte.

Memoria, pasión y vida por cambiar la sociedad y la política. Su generación sufrió mucho, guerra y exilio en carne propia y después supo dar un paso atrás para que los jóvenes como Triginer, Felipe o Guerra pudieran encabezar la transición. EL PSC en esos días de la transición se podía ver a una combinación de abuelos estruendosa pero absolutamente enriquecedora. Igual entre ellos no se hablaban, pero sentarse a escuchar a cualquiera, impresionaba y emocionaba. Recuerdo, entre otros, a algunos: del Front Nacional de Catalunya, Joan Cornudella, del Moviment Socialista de Catalunya, Maria Manonelles, esposa de Josep Rovira, de los del POUM, Fernández Jurado, Adroher Gironella, Flora Biosca, Alberich, Rocabert, Benaiges, Moratalla, de ERC,Andreu i Abelló, Casanellas, y, excomunistas como Ramos, José del Barrio o Carme Carol. Nadie como ella, puede reflejar cuando la política ha tenido mucha memoria y, sobretodo, equivocadamente o no, mucho corazón.

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