sábado, 21 de octubre de 2017 08:56
Opinión

Lecciones de Escocia, y otras impertinencias

Antonio Carlos Pereira Menaut
Antonio Carlos Pereira Menaut

Prof. de Derecho Constitucional, USC

Hay que admitir que los anglosajones, aun con pésima cocina y sin Velázquez ni Goya, saben descomplicar y arreglar los conflictos políticos. Carecen de Velázquez o Goya, pero no de Founding Fathers, Disraeli o Churchill.

Hay que admitir que los anglosajones, aun con pésima cocina y sin Velázquez ni Goya, saben descomplicar y arreglar los conflictos políticos. Carecen de Velázquez o Goya, pero no de Founding Fathers, Disraeli o Churchill.

Pero antes de nada, fair play: debo reconocer que soy tan parcial y anglófilo, que no hace mucho firmé una alerta de internet pidiendo a la Reina que, en caso de abandonar Escocia el Reino Unido, ocupase Galicia su lugar. Los argumentos eran compensar la pérdida del Celtic de Glasgow con el Celta de Vigo, y así sucesivamente. Ahora, mientras espero sentado la respuesta, reflexiono sobre las lecciones del proceso escocés, de las cuales quisiera fijarme aquí sólo en una: el tiempo.

La inquietud periférica (por así llamarla) comenzó en España en diversos momentos entre 1812 y fin de siglo, según zonas (dejando aparte que el Carlismo también era anticentralista). En 2014 ?vamos, por tanto, para los 200 años? seguimos sin solucionar la cuestión de fondo, que ahora ya está, como decimos en Galicia, "apodrecida"; como si dejar "apodrecer" estos problemas fuera especialidad de la casa. Y, claro, una vez podridos los problemas, todas las soluciones son malas.

Comencemos por el siglo XIX. Hacia 1810 ya hay en Cuba algún movimiento independentista, pronto abortado. Para 1824 (Ayacucho), los virreinatos americanos están perdidos. En 1867, Westminster dicta la British North America Act, primera constitución canadiense. En 1868, en Puerto Rico se daba el "Grito de Lares", una proclama independista, y en Cuba empezaba una de las guerras. El autonomismo cubano, desencantado, se radicalizó a independentismo, y ya no volvió a haber paz estable en Cuba. Aun así, España no concedió un estatuto de modesta autonomía a ambas Antillas hasta 1897, con el problema podrido e insoluble, más la armada norteamericana a las puertas. Durante el siglo XIX, a los diputados antillanos en las Cortes de Madrid, apenas se les hacía caso, con alguna excepción, como Moret, pero es que su apellido materno era Prendergast, y leía el "Times".

Compárense aquellos "timings" con los que siguen. Irlanda: hacia 1870 se hablaba del "Home Rule". En 1916 tuvo lugar la Rebelión de Pascua, duramente reprimida. En 1921 se firmó el Tratado Anglo-Irlandés, y a su amparo, en 1922, se constituyó el Estado Libre Irlandés, que zanjó el problema (más tarde, en 1937, se convertiría unilateralmente en república independiente). Tiempo total para zanjar el problema, 6 años; o, si contamos desde 1870, 52. (Nota: Irlanda llevaba bajo la corona británica 700 años, muchos más que Escocia, incluso más que Navarra bajo la española).

"Timing" de Escocia: en 1979 se celebró un referendum para la "devolution of powers", pero como la mayoría obtenida fue insuficiente, no entró en vigor; en 1997, otro, ahora con éxito; en 2014, problema resuelto. Tiempo empleado, 35 años.

A este paso, no me sorprendería que aprendieran antes los británicos a hacer tortillas de patatas como las de Cacheiras o Coruña, que los españoles a descomplicar y solucionar problemas políticos. Ojalá que me equivoque.

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