martes, 24 de octubre de 2017 04:10
Opinión

Mas cambia la consulta por una campaña electoral propia

Joan Mena
Joan Mena

La defensa del derecho a decidir en Cataluña estaba amparada en tres elementos indiscutibles incluso a nivel internacional: la fuerza social que lo acompaña, los argumentos nítidamente democráticos y el derecho inalienable que rezuma.

La defensa del derecho a decidir en Cataluña estaba amparada en tres elementos indiscutibles incluso a nivel internacional: la fuerza social que lo acompaña, los argumentos nítidamente democráticos y el derecho inalienable que rezuma. Estos tres elementos iban acompañados de una arquitectura efímera, pero arquitectura al fin y al cabo, que es la unidad transversal de las fuerzas que apoyamos la consulta catalana (CDC, UDC, ERC, ICV, EUiA y CUP). Ahora, el presidente Mas ha cargado la unidad, ha dividido la fuerza social que lo acompaña, ha rebajado los argumentos democráticos y degrada el derecho a votar.

Debemos empezar constatando que la consulta como solución no es una moda. Es un derecho y, como todos los derechos, ha venido para quedarse. Así pues, no aceptaremos un proceso participativo que lo que hace es descafeinar el derecho a votar dado que tampoco aceptaremos sustituir un derecho por otra cosa por mucho que se le pueda parecer.

Desde ICV-EUiA hemos defendido la consulta siempre desde una óptica democrática y como elemento útil para solucionar un conflicto político que existe entre Cataluña y España. La propuesta descafeinada de Mas no es más que el acto de inicio de su campaña electoral. El propio Artur Mas situó su voluntad en la declaración que hizo en la galería gótica: "Esta no es la consulta definitiva. La consulta definitiva serán unas elecciones autonómicas que los partidos podrán convertir en plebiscitarias". Así pues, Mas ha canjeado la consulta que estaba prevista por la Ley catalana y por el decreto, con garantías democráticas como la imparcialidad del proceso, la neutralidad de la administración, la transparencia en los procedimientos, la pluralidad de las opciones y el necesario período de deliberaciones, por un sucedáneo que sólo pretende iniciar el recorrido que llevará a unas elecciones. Es un sustitutivo de la consulta que no cumple los requisitos que nuestra ley de consultas previsto y que no tendrá las garantías democráticas exigibles. Mas nos propuso no cumplir nuestro propio acuerdo ni nuestra propia ley.

Además, si algo habíamos ganado con todo el proceso democrático en Cataluña es credibilidad internacional. Utilizando nuestra arma más potente, la democracia, habíamos ganado la partida y teníamos al PP ante las cuerdas. Ahora, con un proceso participativo disfrazado de consulta, corremos el riesgo de perder esa credibilidad que nos permite defender con la cara bien alta que los y las catalanas queremos votar, y, en lugar de esto, corremos el riesgo de dar oxígeno al gobierno del PP.

Esta, pues, no es la consulta que necesita el pueblo de Cataluña para clarificar y para ser políticamente útil, sino que más bien es el proceso participativo que necesita el Presidente para rescatar a sí mismo.

Joan Mena, portavoz adjunto de ICV-EUiA en el Parlamento de Cataluña

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