jueves, 14 de diciembre de 2017 03:35
Opinión

Porqué el PP nunca tiene la culpa

Roberto Laxe
Roberto Laxe

El caso del contagio de Ébola de una auxiliar de enfermería madrileña ha puesto de manifiesto algo que todo el mundo piensa, porque el PP ante un caso claro de incompetencia manifiesta, no tiene la culpa de nada.

El caso del contagio de Ébola de una auxiliar de enfermería madrileña ha puesto de manifiesto algo que todo el mundo piensa, porque el PP ante un caso claro de incompetencia manifiesta, no tiene la culpa de nada.

El hundimiento del Prestige fue culpa del capitán Mangouras, el accidente del Yak 49 del piloto, el descarrilamiento del Alvia en Compostela del maquinista, y ahora el contagio de la grave enfermedad es responsabilidad de la auxiliar. Las decisiones del gobierno del PP de "llevarse el petrolero al quinto pino" no tienen nada que ver, la compra de aviones de "tercera mano" para ahorrar, tampoco; los recortes en seguridad ferroviaria ?donde el PSOE tiene especial responsabilidad-, no; el desmantelamiento de la sanidad publica y traerse a dos personas con Ébola, es secundario.

Cuando un error de incompetencia se repite sistemáticamente, deja de ser un "accidente" para convertirse en una forma de hacer las cosas, de hacer "política".

En el estado español la impunidad es la norma desde que el PCE y PSOE admitieron la Ley de Amnistía del 76, que no solo incluía los crímenes del franquismo, sino también los delitos económicos que a lo largo de 40 años cometieron los franquistas -expolio de las propiedades personales de los "rojos", de las propiedades de los sindicatos y partidos obreros, robo del Pazo de Meirás, etc. etc.-. La ley de Amnistía establece un criterio, "los franquistas tienen patente de corso" para hacer lo que les de la gana. Sobre esta desmemoria histórica se construyó el régimen del 78.

Esta es la idea que hoy tienen los del PP, como neofranquistas que son: ellos están protegidos por la "tradición" de impunidad creada por la Ley de Amnistía, garantizada por la continuidad en las instituciones judiciales, los tribunales. La judicatura, con la monarquía y el ejército, fueron las instituciones que no sufrieron la menor transformación, en el mejor de los casos sólo cambiaron el nombre, Tribunal de Orden Público (TOP) por Audiencia Nacional. Pero el sentido de la existencia de tribunales especiales para delitos políticos, se mantuvo; infringiendo así uno de los principios básicos de la justicia burguesa, la unidad jurisdiccional.

En estas condiciones, los PPeros consideran de lo más "normal", que ellos nunca tengan la culpa de nada, aunque ellos lo hayan generado al traerse dos personas con la enfermedad. Por cierto, no era cualquiera, era curas y blancos, los no curas y negras, se quedaron? ¡y afortunadamente, se curaron! Si a eso le unimos el clasismo provinciano del PP, de que la culpa siempre es de los ignorantes "pueblerinos" de la clase trabajadora, tenemos un coctel de difícil solución puesto que hace al código genético de un régimen, el del 78, que se basa en su impunidad y la desmemoria, y una clase social, la burguesa, que vive del control de ese estado para las subvenciones y las concesiones.

Por eso, aunque parece marginal, sacrificar el perro de la auxiliar era más que un símbolo, era la síntesis de toda la hipocresía de una clase social, la burguesía española, expresada en sus políticos y en el PP, y en sus medios; y leer el ABC o La Razón es un insulto a la inteligencia.

Ante las causas que generaron este trágico acontecimiento, por la incompetencia y el desprecio por la vida humana, es preciso redoblar la lucha por echarlos de la única manera posible, con la movilización social; por romper la columna vertebral del régimen y para construir el futuro, recuperar la memoria del pasado.

Nos va la Vida en ello, comenzando por la de la compañera Teresa Romero.

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