lunes, 23 de octubre de 2017 11:51
Opinión

Los buzones se están alejando del paisaje urbano

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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No valoramos las cosas hasta que nos hacen falta y nos damos cuenta que ya no existen, o el número se ha reducido considerablemente. Hoy buscaba un buzón de correos para depositar una carta y después de andar un buen rato por el centro de Barcelona, cuál ha sido mi sorpresa, desagradable por cierto, que mi gozo en un pozo.

No valoramos las cosas hasta que nos hacen falta y nos damos cuenta que ya no existen, o el número se ha reducido considerablemente. Hoy buscaba un buzón de correos para depositar una carta y después de andar un buen rato por el centro de Barcelona, cuál ha sido mi sorpresa, desagradable por cierto, que mi gozo en un pozo; no he encontrado ninguno y mi sobre, con su carta, ha continuado guardada en mi bolso. Hasta hoy, no he notado la falta de este instrumento que nos servía para depositar unas misivas que nos servían como medio de comunicación para manifestar nuestros sentimientos hacia las personas queridas, dar cuenta de las buenas y malas noticias que nos ocurrían en nuestro día a día y saber de las cosas de otras personas.

Ahora, si dedicamos cinco minutos a pensar, nos damos cuenta de que, las únicas cartas que nos llegan son las de Hacienda, las multas, las de los bancos -que no son gratuitas- y las de los servicios de luz, gas y electricidad para decirte que tienes pendientes no sé cuantos recibos: o pagas en un plazo determinado, o puedes encontrarte sin luz o cualquier otro servicio al llegar a casa. Todas las cartas que nos llegan traen malas noticias. Y éstas, los remitentes saben dónde depositarlas para que no se pierdan por el camino. Las nuevas tecnologías nos ha privado del placer de plasmar en un papel en blanco los pensamientos, sentimientos, los estados de ánimo, lo que has hecho en un determinado tiempo, las ilusiones o decepciones. Al escribir proyectas un mundo a tu medida que quieres compartir con alguien y la carta es el medio para hacerlo.

Ese placer de de escribir a mano lo hemos perdido. Todos y cada uno de nosotros deberíamos escribir, al menos, una carta al mes, para que los buzones sigan formando parte del paisaje urbano del cual, en muchas ocasiones, las prisas nos llevan a no darnos cuentas que un día, lamentablemente, ya no forman parte del mismo. El ritmo de los nuevos tiempos lo ha enviado al baúl de los recuerdos , como a las cartas. Allí se volverán a encontrar para contarse miles de historias vividas. No dejemos que las únicas cartas que se hagan sean las de recomendación que son las que se entregan a un inoportuno para que vaya a importunar a otro.

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