jueves, 17 de agosto de 2017 15:48
Opinión

El Cuento del millón de emails

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Hoy, como el fin de semana está próximo, les voy a escribir un cuento que, sin ser chino, que no lo es, encierra, al final, como los de las Mil y una noches, la consabida moraleja.


Hoy, como el fin de semana está próximo, les voy a escribir un cuento que, sin ser chino, que no lo es, encierra, al final, como los de las Mil y una noches, la consabida moraleja.


Érase una vez una nación llamada Catalunya que vivía dentro de en un país llamado España. Un buen día, sus dirigentes se reunieron en sábado para comunicarle a sus todavía caseros que habían decidido hacer un referéndum para separarse de ellos e irse a vivir por su cuenta. Los del reino, al conocer la misiva, decidieron a su vez el lunes por la mañana que no aceptaban la propuesta porque iba contra las leyes comunes, y decidieron denunciar a su "inquilino y convecino" ante un alto Tribunal para que paralizase la iniciativa y la suspendiera cautelarmente de forma inmediata, cosa que los Magistrados del mismo hicieron de forma "casi" instantánea, lo cual provocó un gran enfado entre los independentistas que anunciaron, a su vez, nuevos recursos y el advenimiento de un cataclismo de imprevisibles consecuencias.


Como quiera que los indignados "patriotas" habían enviado a los más grandes medios de comunicación de su Comunidad, que no a "los insignificantes diarios" como el nuestro, unos "contratos" de publicidad para difundir el acontecimiento, hubo que echar el freno al mismo y "matar" el anuncio porque, según parece, era "ilegal". ¿Qué hacer? se preguntaron en la Plaça de Sant Jaume. Y la respuesta que se les ocurrió fue que la ANC, como entidad privada, enviase otro similar amparado por sus siglas. Dicho y hecho. Pero claro, los diarios, más bien sus editores y directores, se preguntaron si la suspensión no afectaba también a ese "nuevo anuncio". Y como no estaban tranquilos, repreguntaron a sus prestigiosos servicios jurídicos y decidieron llamarse los unos a los otros para conciliar una postura común e intercambiar informes. Estaban razonablemente preocupados.


Pero sigamos con el relato. A continuación, telefonearon a la ANC para trasmitirle sus temores y los que mandan en ese organización, les contestaron "más o menos" que, si no publicaban el anuncio, convocarían una rueda de prensa en la que le dirían a "todos los catalanes" que no les aceptaban la publicidad, y si "se les ocurría" no explicar lo dicho en esa posible rueda de prensa, utilizarían EL MILLÓN de emails de los que disponen para trasmitir el mensaje. Los correos en cuestión, se supone que los titulares los entregaron a la ANC con ocasión de las manifestaciones multitudinarias del once de Septiembre de los dos últimos años, con los fines que ellos solo saben. La militancia de la ACN no pasa, según los datos que se han publicado, de las cuarenta mil personas. Nuevos intercambios de llamadas entre los ¿advertidos?, y decisión salomónica de éstos de publicar el anuncio sacando del mismo la fecha del 9-N para que el Constitucional no considerara el asunto un desacato.


Y colorín colorado, este cuento se ha acabado, y como dicen en las películas de la Metro: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Moraleja: Tus emails creados para enviar y recibir noticias personales, ahora? los carga el diablo.

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