domingo, 25 de febrero de 2018 22:53
Opinión

Una aguja en un pajar

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Detener al que mediáticamente hemos calificado como el "pederasta" por excelencia ha sido como buscar una aguja en un pajar. Por lo que se supone en estos momentos, el detenido tenía antecedentes delictivos con cárcel incluida, y al tener sobre él semejante estigma decidió delinquir, pero tomando todo tipo de precauciones que han vuelto loca a la policía española durante bastantes meses.

Detener al que mediáticamente hemos calificado como el "pederasta" por excelencia ha sido como buscar una aguja en un pajar. Por lo que se supone en estos momentos, el detenido tenía antecedentes delictivos con cárcel incluida, y al tener sobre él semejante estigma decidió delinquir, pero tomando todo tipo de precauciones que han vuelto loca a la policía española durante bastantes meses. Al final, han podido cazarlo y los ciudadanos de Madrid respiran hoy más tranquilos sabiendo que la científica acabará por entregarlo al juez con las pruebas necesarias para que, a partir de ahora, no pueda hacer más daño a sus víctimas que todavía no han conseguido recuperarse de la experiencia vivida ,pese a que los médicos tratan de salvar su futuro con terapias de todo tipo.

La pederastia es uno de los delitos más atroces que sufre nuestra sociedad. Muchos pensamos, que su actual expansión se corresponde con la infamante laxitud con la que toleramos a estos desequilibrados que, con internet como novedosa herramienta han conseguido multiplicar por muchas unidades de millón sus fechorías a costa de niños y niñas inocentes a los que algunas veces sus padres o tutores no han sabido tutelar con el celo y dedicación que corresponde a su inexcusable condición de educadores y protectores de sus actos. En muchos casos, nuestra sociedad está tan preocupada de mirarse a su ombligo económico que se olvida de lo más importante en esta vida, que no es otra cosa que la felicidad de los más pequeños, ya que de ella depende nuestro futuro como especie, porque solo ellos son el garante de la evolución en positivo de las futuras generaciones. Un niño feliz, será seguramente un ciudadano responsable, solidario y éticamente muy capaz de dinamizar a las mayorías hacia el logro de la utopía de un mundo mejor. De los traumas de la infancia solo cabe esperar consecuencias no deseables para los que las sufren pero también para el hábitat en el que se muevan.

Bien está que a este pederasta le caiga el peso de la Justicia con todo el rigor posible, si se confirman las sospechas que tiene la policía. Luego habrá que preguntarse inmediatamente qué podemos hacer para que esta enorme alarma socialno se repita, aunque, mucho me temo, que las respuestas dormirán el sueño de los justos en algún archivo oficial sin que el esfuerzo de nuestros policías no haya sido más que un éxito efímero que olvidaremos pronto hasta que, desgraciadamente vuelva a suceder. Por eso si tal cosa llegara antes de tiempo me permito cerrar este propio con un muy sincero: Gracias señores y enhorabuena por el trabajo realizado.

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