viernes, 20 de octubre de 2017 20:01
Opinión

LA CONFESIÓN Y EL DESCONCIERTO

Consol Prados
Consol Prados

Los acontecimientos no dejan de sorprendernos. Seguramente dentro de unos años y con la perspectiva del tiempo nos exclamando como pueden pasar tantas cosas y todas juntas en un período tan corto.

Los acontecimientos no dejan de sorprendernos. Seguramente dentro de unos años y con la perspectiva del tiempo nos exclamaremos cómo pueden pasar tantas cosas y todas juntas en un período tan corto. Cómo las circunstancias están haciendo que se sumen diferentes crisis, y quizás tendremos la capacidad, que no sé si la tenemos ahora, de preguntarnos por las causas y así también podremos analizar con más calma las consecuencias.

La confesión de Jordi Pujol ha golpeado a todos estos días. A mí particularmente me revuelven algunas cosas: tantos años escuchando sus homilías sobre valores y lecciones de catalanismo y de país; la identificación durante tantos años de persona, partido y país; que había algunos temas oscuros, creo que era de dominio público, en la familia Pujol y Ferrusola y en CiU y que en nombre de no se sabe qué (ya nada tiene el mismo valor) era intocable; me ha hecho releer a Raimon Obiols sobre el caso de Banca Catalana en su libro "Lo mínimo que se puede decir" y que recomiendo, y algunas reflexiones de Jordi Solé Tura en "Catalanismo y revolución burguesa", y para poner también un poco de humor me ha venido a la cabeza "Un submarino en el mantel" de Joan Barril, y la visión de dos Catalunyes.

Su confesión es fruto de la presión judicial sobre la familia, por eso no creo que sea un arrepentimiento repentino. Y treinta y cuatro años son muchos años para regularizar una situación ilegal. Pero no se trata de pedir perdón, que también, por todos los daños que ocasiona, ni de hacer un linchamiento a su persona como veo estos días en las redes, sino de hacer justicia. No sé si será la punta del iceberg. En cualquier caso conviene que salga todo y se aclare todo, también de otros juicios pendientes, como el de Félix Millet y el caso Palau, que ya lleva cinco años, y recordemos que CIU tiene la sede embargada. Nada más que justicia ante las leyes y compromiso de verdad contra el fraude fiscal.

Cuando Pujol dejó la presidencia de la Generalitat se habló sobre el final del pujolismo (esta tendencia de elevar palabras que tenemos en este país ...). Pero seguramente es ahora cuando definitivamente se acaba y de triste manera. No sé si debilitará el proceso, como estos días se comenta y como quieren desde el Estado. Pero sí hace aún más daño en la ya dañada confianza en las instituciones y sí debilita a CDC. Y esto ocurre en un mapa electoral efímero, mutante e incierto.

El caso es que se van sumando motivos para el descrédito de los políticos. Y digo políticos y no política, que hay que reivindicar en el sentido más noble y más que nunca. Yo quiero un país nuevo, pero de verdad, y no me refiero a la independencia, que no es ninguna garantía de solución a todos los males como algunos vaticinan.

Ahora vivimos el presente con desconcierto, pero me hace pensar que no podemos perder la perspectiva y la amplitud de la mirada para gestionar el presente de la manera más acertada posible.

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