lunes, 18 de diciembre de 2017 04:24
Sociedad

Asunta luchó semiinconsciente por su vida

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El juez que ha investigado el asesinato de Asunta, la niña de 12 años cuyo cadáver fue hallado en septiembre pasado en una pista forestal cercana a Santiago, sabe que la cría se resistió por determinadas hemorragias leves en los pulmones y el aparato digestivo que se hallaron durante la autopsia

José Antonio Vázquez Taín, en el auto con el que se despide del caso y abre juicio oral, cree que los asesinos no pudieron acabar con ella de un tirón porque Asunta, drogada con una sobredosis de Orfidal que le fue suministrado poco a poco, desde la comida, luchó semiinconsciente contra las intenciones de sus verdugos. Y esto a pesar de que uno de ellos, que llevaba guantes de látex, la ató previamente de pies y manos. La mano del asesino que ató a Asunta logró efectivamente no dejar ni rastro de su ADN sobre los nudos, pero falló al escoger el cordel de la misma bobina que guardaban en el chalé de Teo (a seis kilómetros de Santiago), para dominar las matas de flores, los jardineros que daban un repaso a la finca de los abuelos dos veces al año. Los cabos hallados junto al cadáver, en la pista forestal donde fue abandonado en torno a las nueve de la tarde del 21 de septiembre, resultaron tener la misma "composición química y tintado" naranja que el descubierto por un guardia civil en la papelera de mimbre de la habitación que había sido de la madre, Rosario Porto, en su infancia y que después fue ocupada por Asunta

La dramática lucha por vivir de esa hija ejemplar que se convirtió en un estorbo para sus desquiciados padres se produjo entre las 18.33 y las 20.53 horas, momentos exactos de la desconexión y nueva conexión de la alarma en el chalé de la familia en Teo. "Lo más probable", comenta el juez Taín, "es que la muerte se produjera en torno a las 19 horas". El juez instructor cree que fue el padre de la menor, Alfonso Basterra, quien se encargó de atarla teniendo cuidado de enfundarse los guantes. En la habitación había también otro par, supuestamente para otro de los asesinos, pero esos aparecieron precintados. Nadie los usó. Además, la Guardia Civil encontró la funda de dos mascarillas desechables 3M. Un indicio que apunta a la participación de dos personas en el asesinato. Se sabe, que Asunta vomitó y orinó una vez muerta, "por la lógica relajación de los esfínteres", cuando fue trasladada a lo largo de cuatro kilómetros, oculta en el hueco entre las plazas, hasta el camino de tierra donde se halló su cuerpo.

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