lunes, 11 de diciembre de 2017 14:17
Opinión

El paro y la zanahoria

Ermengol Gassiot
Ermengol Gassiot

Secretario General de CGT Catalunya

Quienes hemos pasado meses o años en paro sabemos perfectamente de qué hablamos. Las expectativas frustradas de un trabajo. La angustia de no llegar a final de mes o de ver unos ahorros mermar sin ninguna esperanza de cobrar por nada. El ir sufriendo como el coche, la casa o la ropa se degradan sin poder renovar.

Quienes hemos pasado meses o años en paro sabemos perfectamente de qué hablamos. Las expectativas frustradas de un trabajo. La angustia de no llegar a final de mes o de ver unos ahorros mermar sin ninguna esperanza de cobrar por nada. El ir sufriendo como el coche, la casa o la ropa se degradan sin poder renovar. El sentimiento de no tener nada que hacer o de comenzar un día pensando como lo ocuparás, básicamente para distraer la cabeza y mirar que no piense tanto. El paro, como muerte social, es una auténtica arma de destrucción masiva contra los trabajadores.

Ya hace varios meses que el gobierno pregona que el paro baja. Posiblemente la última Encuesta de Población Activa sea la primera que muestra una cierta creación de puestos de trabajo. En las anteriores el descenso del paro era producto, en cierta medida, por el hecho de que miles de jóvenes pasaban a ser "ni, ni", ni trabajadores, ni parados. Simplemente excluidos de las estadísticas o forzados a buscar trabajo en el extranjero. Como sus abuelos.

Ahora, supuestamente, deberíamos estar contentos ya que tal vez se han creado unos pocos miles de puestos de trabajo. Si consideramos que las penurias de la clase trabajadora provienen de un paro motivado por una crisis, en gran parte anónima cuando sus responsables, difícilmente podemos desprendernos de un sentimiento un poco optimista. Por primera vez en años, ha aumentado el número de personas que trabajan. Aunque sea una cifra irrisoria para secar el drama del paro que sufrimos, según la EPA del segundo trimestre en Catalunya hay casi 100 mil personas más trabajando.

Sin embargo, sabemos que el "pleno empleo" que pregonaban los defensores del diálogo social unos años atrás es un espejismo. En primer lugar porque el desarrollo capitalista de España, desde hace mucho tiempo, siempre se ha edificado sobre tasas de paro muy elevadas, por encima de la media de la UE. En segundo lugar, porque la solución tampoco pasa por trabajar a "cualquier precio", y nunca mejor dicho. Según el propio Banco de España los sueldos bajaron al conjunto del Estado más del 2% en el año 2012 (casualmente hay muy pocas estadísticas públicas sobre la evolución de los salarios) y cerca de un 3,6% si se considera la pérdida de una paga extra que hemos sufrido los trabajadores públicos. Y eso sin tener en cuenta que se trata de promedios que ocultan el constante incremento del abismo salarial entre directivos y trabajadores de base. Además, mientras los sueldos han bajado claramente, las jornadas laborales se han incrementado. Al conjunto según los datos del INE del Estado del año 2013 se realizaron más de 5,8 millones de horas extras declaradas, de las cuales casi el 60% fueron no pagadas. Un 28,6% más que el año anterior. En cambio, las horas extra pagadas sólo subieron un 6,8%.

Los sindicatos no podemos aceptar, de ninguna manera, que la reducción del paro se haga mediante puestos de trabajo con salarios muy bajos, a menudo de poco más de 600 ? al mes. Tampoco podemos tolerar, de ninguna manera, las condiciones de muchos de estos nuevos puestos de trabajo, con jornadas muy móviles. La situación actual supone un fuerte aumento del nivel de explotación que sufrimos el conjunto de los trabajadores, y en especial los que vuelven a tener trabajo después de sufrir el paro. De hecho, parece de manual. Se provoca un paro desbocado, se condena a miles de personas a padecerlo y, después, poco a poco, se permite que una parte de los parados vuelva a encontrar trabajo. Y por el camino nos hemos vuelto mucho más dóciles y pasamos a aceptar condiciones que antes habríamos rechazado.

Centrar el problema en el paro y la pobreza olvidando que detrás está el modelo capitalista de producción nos lleva a este juego. Y la CGT no está dispuesta a jugarlo.

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