martes, 22 de agosto de 2017 13:14
Politica

Los candidatos del PSOE esperan una participación del 60%

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Este sábado concluye la campaña para la elección del nuevo secretario general del PSOE y que ha estado marcada por los esfuerzos de los tres candidatos por despegarse de la etiqueta de 'aparato'.

Tres han sido los momentos más polémicos del proceso: la pugna de los avales, el debate de los aspirantes y las denuncias de "juego sucio" de los últimos días.
Ha sido un mes en el que los tres candidatos --Pedro Sánchez, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias-- se han pateado España para tratar de sumar apoyos a sus candidaturas, primero para conseguir los avales que les permitieran pasar el primer corte y después para que los apoyos se materialicen en votos en este proceso que los tres consideran "histórico".
La campaña arrancó el 13 de junio con el proceso de recogida de avales y ya antes de conocer los datos había algunos apoyos claros.
La renuncia de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, a dar un paso al frente que le habían pedido hasta nueve secretarios generales territoriales sirvió para hacer un dibujo inicial.
El reclamo a la presidenta andaluza ya se entendió como un rechazo a la candidatura de Eduardo Madina por parte de esos secretarios generales, entre quienes estaban el madrileño, Tomás Gómez, y el valenciano, Ximo Puig.
Así lo explicaron incluso socialistas andaluces que lo atribuyeron a una "clara reacción al movimiento de Madina", quien se negó a retirarse de la carrera cuando esa mayoría de barones quería que la dirigente andaluza tuviera el apoyo de todo el partido.
Los 'madinistas' trataron de sacar provecho de esta situación y el vasco se presentó como el candidato de los militantes, por quienes había "dado la cara", como él ha dicho, al defender su participación.
"En el nuevo PSOE, tú eres el barón y es tu teléfono el que debe sonar", les decía en una carta, en la que defendía unos órganos federales "menos dependientes de oscuros remiendos de despacho".
Mientras tanto, Sánchez se presentaba como "un militante de base". "Mi único aparato es mi Peugeot 407", se ha cansado de decir cuando se le ha preguntado por esos apoyos orgánicos que le atribuían desde el entorno de Madina.
POLEMICA AVALES
Sin embargo, para los defensores del diputado vasco, esta afirmación se convirtió en realidad cuando se conoció el resultado de los avales, en los que Sánchez consiguió 41.338, frente a los 25.238 de Madina; el vasco pidió entonces conocer el detalle por territorios y volvió a enfadar a los mismos.
La dirección accedió a la petición y se dieron todos los datos, que mostraban que Sánchez había obtenido cinco veces más avales en Andalucía que Madina, quien fue el aspirante con más apoyos en Asturias, Extremadura, Cantabria, Catalunya y Murcia, además de Melilla.
Durante la primera semana, la campaña giró en torno a la "libertad" de los militantes y sus avales; para unos, la petición de Madina --que desde el PSOE de Andalucía se llegó a tildar de "chorrada"-- era un insulto a la autonomía de los afiliados, mientras que los otros se aprestaban a asegurar que nunca habían cuestionado que unos avales valieran más que otros.
Este asunto ocupó muchos titulares hasta el debate del pasado lunes, en el que los tres candidatos se reunieron en Ferraz para confrontar sus modelos de partido y de país, y que fue uno de los días grandes de la campaña, aunque el resultado fue mejor para unos que para otros.
DEBATE
Si el resultado se analiza por las caras de sus equipos, quien peor parado salió fue Pedro Sánchez; los suyos evitaron decir que habían ganado ese asalto, aunque defendían que el madrileño había dado un "chute de energía" a la campaña. Y se defendían de las críticas por "poca naturalidad" señalando que llevaba su intervención muy preparada.
Los tres candidatos mantuvieron un debate "de guante blanco", aunque sirvió para ver la ausencia de 'feeling' entre Madina y Sánchez, que se lanzaron pullas, algunas más veladas que otras, a cuenta de sus 'patinazos' con Catalunya, la paternidad del sistema de voto directo en el congreso, el conocimiento del partido y el origen de cada uno.
La resaca del debate se prolongó unas jornadas más, hasta que el jueves entró en escena un asunto que ha enfangado los últimos días de la campaña: la presencia de Pedro Sánchez en la Asamblea de Caja Madrid, desvelada en 'El Confidencial'.
El diputado madrileño convocó a los periodistas en el Congreso y confirmó su presencia en este órgano que, según explicó, se debía a su cargo como concejal del Ayuntamiento de Madrid; aseguró que no tenía "nada que ocultar" y "nada que ver" con las gestiones de esta entidad bancaria.
Y dicho esto, lanzó una denuncia: "Frente a las malas artes de algunos, juego limpio", dijo, en lo que se entendió una acusación a la candidatura de Madina, a quien ese día se le vio muy afectado por la situación creada y que, según ha insistido, no había sido provocada por su equipo.
Desde entonces, el diputado vasco ha insistido en defender la "limpieza" del proceso y el madrileño ha pedido que no se "trate de condicionar" a los militantes con informaciones que "nada tienen que ver con el proceso" y que, en cualquier caso, no cree que le vaya a pasar factura.
LA INCÓGNITA DE LA PARTICIPACIÓN
Este domingo se sabrá si el PSOE ha logrado enganchar a su militancia en este proceso novedoso para el sistema político español, en el que por primera vez el líder de un partido es elegido por todos sus afiliados. Todos están muy pendientes de las cifras de participación.
Tanto Madina como Sánchez esperan que la afluencia a las urnas se sitúe en torno al 60%, un porcentaje que en el partido se considera adecuado para dar legitimidad al proceso y al nuevo secretario general.
Con todo, persisten los temores a que muchos militantes no acudan a las agrupaciones un domingo de julio, que además coincide con la final del Mundial de Fútbol.
Casi todos los análisis coinciden en que cuanta más alta sea la participación, más incierto es el resultado, porque entienden que cuanto más se acerque la afluencia al número de avales que se emitieron, más similar puede ser el resultado de la votación al que arrojó el anterior proceso.
En cualquier caso, pocos se atrevían estos días a hacer un pronóstico firme, conscientes de que el voto secreto de los militantes es el que tiene la última palabra; y que, su historia así lo avala, en el PSOE todo puede ocurrir.

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