viernes, 15 de diciembre de 2017 20:57
Opinión

SOMOS DATOS

Consol Prados
Consol Prados

Con las nuevas tecnologías nos hemos convertido en datos. Esta es una de las conclusiones que sacas después de visitar la exposición Big Bang Data del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Que somos datos y que lo saben todo de nosotros. 

Con las nuevas tecnologías nos hemos convertido en datos. Esta es una de las conclusiones que sacas después de visitar la exposición Big Bang Data del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Que somos datos y que lo saben todo de nosotros. Este "lo saben", en tercera persona del plural, es lo abstracto que da miedo, por lo que saben y por cómo pueden llegar a utilizar la información que producimos. Porque en producimos mucha, de información, todo deja rastro, nuestra actividad en internet, lo que comunicamos a través de las redes sociales, lo que hacemos a través de cualquier transferencia bancaria, ... todo deja rastro.

El tiempo comenzó a correr desde los años cincuenta y cada vez es más acelerado. Una tecnología al servicio de almacenar información y en espacios cada vez más reducidos. Así como cualquiera de nosotros tiene acceso a un montón de información y conexiones, "ellos" disponen de cantidad de información. Y ya sabemos que la información es poder.

No es que esté en contra de todos estos avances, al contrario, los aprovecho. Dudo más de los que pueden venir, pero sobre todo en función de qué. Como todo, depende de sus usos. Con grandes pantallas y un ratón digital puedes saber cuáles son los centros comerciales con más ventas de la ciudad, cuáles son los puntos con mayor interacción en las redes sociales y qué está diciendo, cuáles son los gustos para colectivos determinados, como se mueven los ciudadanos, ... El poder de control sobre los consumidores, peatones, jóvenes, mayores, mujeres, hombres, adolescentes, trabajadores, espectadores, actores, ... ciudadanos, es una gran tentativa. La información es poder. Y es diferente si esta información se pone a disposición de los intereses colectivos o de los intereses privados, comerciales, políticos, ... Creo que esta es la cuestión.

El tratamiento de los datos dibujan otras geografías más allá de las administrativas. Se puede mapear según los objetivos de estudio, y por lo tanto se puede llegar a tomar decisiones según la finalidad, sea política, comercial, social, urbanística, especulativa, ... puede ser en beneficio privado o en beneficio del común. Y por eso, desde el concepto del "común" habría también defender el acceso de la ciudadanía a mapas de información.

¿Dónde están los límites de lo que es público y lo que forma parte de la intimidad de cada uno? Como gestionamos y definimos nuestro perfil digital? Quienes son los que lo saben todo de nosotros? ¿Qué uso se hace de la cantidad de datos a disposición? ¿Cuál es el acceso a la información que los mismos ciudadanos provocamos? Está regulado? ¿Quién es el propietario de la información que producimos?

Hay tema, hay debate. Fundamental. Pero veo que no se habla mucho.

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