jueves, 24 de agosto de 2017 01:11
Opinión

La catástrofe brasileira

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

En las últimas horas el futbol se ha cobrado el protagonismo que la sociedad le ha otorgado en su quehacer diario. La despedida de Alfredo Di Stéfano ha atraído a su tanatorio mad5rileño y madridista a miles de personas de la calle pero también a las mas altas jerarquías , Rey de España incluido,lo que demuestra que, este deporte, ha dejado de ser una diversión para la gente, para convertirse y convertir a sus protagonistas en mitos universales e iconos "irrepetibles".

En las últimas horas el futbol se ha cobrado el protagonismo que la sociedad le ha otorgado en su quehacer diario. La despedida de Alfredo Di Stéfano ha atraído a su tanatorio mad5rileño y madridista a miles de personas de la calle pero también a las mas altas jerarquías , Rey de España incluido,lo que demuestra que, este deporte, ha dejado de ser una diversión para la gente, para convertirse y convertir a sus protagonistas en mitos universales e iconos "irrepetibles".

En la misma jornada se celebrab,a a miles de kilómetros de distancia, una semifinal del Campeonato del mundo entre dos potencias económicas y deportivas de primer nivel.: Alemania y Brasil. A todos los que nos gusta el futbol ,esperábamos un duelo apasionante y de incierto ganador, pero ¡oh sorpresa! los germanos le metieron siete goles a los creadores de "o jogo bonito" y lo que podría ser un partido para la historia, se convirtió finalmente en una verdadera tragedia para los brasileiros que viven estas cosas de una manera muy diferente al resto de los humanos.

De repente, la potencia emergente, se convirtió en un país subdesarrollado que se ha mirado sus carencias y su favelas con resentimiento y hasta con odio hacia aquellos que ostentan el poder y se han gastado millones de dólares en obras faraónicas y agasajos a la élite de la FIFA. Sus ídolos caidos aparecieron en las imágenes de la televisión global desencajados y llorando, sabiendo la penitencia que les espera durante el resto de sus vidas, como ya le cayó a aquel desdichado portero protagonista del Maracanazo de los años cincuenta.

Manifestaciones y violencia han acompañado al instante, el final del encuentro, y un pueblo que vive por y par el futbol se ha convertido en un peligroso animal, que anda suelto dispuesto a acabar con el orden y el gobierno de turno A los brasileños, dicen los que más le conocen, solo les falta que Argentina juegue la final de este mundial para que su derrota sea algo mas que un duelo colectivo, o sea: una auténtica catástrofe. Veremos.

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