martes, 19 de septiembre de 2017 19:05
Opinión

Ratificación documentada

Robert Pastor
Robert Pastor



La magistrada Jaqueline Audax, presidenta del tribunal de lo Criminal de París ha venido a demostrar documentalmente algo que ya era conocido,, reiterado, y nunca no desmentido, en la historia reciente de la política antiterrorista española.

La magistrada Jaqueline Audax, presidenta del tribunal de lo Criminal de París ha venido a demostrar documentalmente algo que ya era conocido,, reiterado, y nunca no desmentido, en la historia reciente de la política antiterrorista española.

Audax preside el juicio contra los presuntos miembros de la dirección política de ETA Ainhoa Ozaeta, Igor Suberbiola y Jon Salaberria, detenidos en 2008 en un piso de Burdeos juntamente al considerado entonces jefe de la organización Javier López Peña, Thierry, ya fallecido.

La juez ha desvelado que en esa vivienda se encontraron miles, puede que decenas de miles de documentos, entre los que se demuestra la participación de 208 militantes con opiniones sobre la continuidad de la "lucha armada", en respuesta a una consulta convocada por la dirección, después del cierre de las negociaciones con el gobierno de Rodríguez Zapatero, abortadas sobre todo por el atentado en el aparcamiento de la terminal 2 del aeropuerto madrileño de Barajas.

De aquellos dos centenares largos, y entre aquel montón de papeles , estaban las respuestas escritas de más de un centenar a favor de retomar e incrementar los actos terroristas, también en Francia . Entre aquellos que pedían una escalada en la " guerra " había Garikoitz Azpiazu, Txeroki.

Este posicionamiento viene a confirmar la impresión generalizada de analistas que la política antiterrorista española , desde entonces , ha estado marcada por la persecución sin tregua de Txeroki y el resto de su perfil radical , en contraste con la laxitud en la represión de los partidarios de terminar la actividad violenta y negociadores durante la tregua rota en 2007, entre los que el todavía sin localizar Jose Antonio Urrutikoetxea , Josu Ternera y el hijo y sucesor en las conversaciones , Egoitz , del que hay que recordar que recientemente el ministro Fernández Díaz anunció erróneamente que había sido detenido en Francia.

La excepción a esta técnica del palo y de la zanahoria sería el mantenimiento aún en la prisión de Logroño del secretario general de Sortu , Arnaldo Otegi , a pesar del convencimiento generalizado de que en la reunión del " caserío " Bateragune que provocó la detención , el procesamiento y la condena como "miembro ETA" fue pieza clave para acabar dándole la vuelta aquel corriente mayoritaria y violento del 2007, junto con los relieves de dirigentes de la organización , hasta culminar en el anuncio y el cumplimiento hasta ahora el abandono definitivo de la " lucha armada".

Estos días , en la recta final de la campaña para las elecciones europeas , casi todo se encuentra parado, salvo algunos gestos, en absoluto comparables, ni por la magnitud ni por las consecuencias, a los ataques violentos de otros tiempos previos a los diferentes comicios.

El ministro español del Interior ha anunciado la creación de una fiscalía especial para los casos de ataques o menosprecio a las víctimas del terrorismo, interpretado como un intento de arañar votos a formaciones que mantienen la radicalidad en este ámbito, como UPyD de rosa Díez y, sobre todo, el nuevo Vox de Ortega Lara, que tiene como cabeza de lista en esta oportunidad a Alejo (definitivamente ya no Aleix) Vidal Quadras.

Desde el extremo contrario, cinco diputados de EH Bildu irrumpieron en el teatro Arriaga, donde el príncipe Felipe de Borbón asistía a un acto de entrega de premios, con lemas pegados a la espalda en las cuatro lenguas del Estado pidiendo el derecho a la autodeterminación de los pueblos, y con gritos en el mismo sentido y contra la monarquía. Una llamada por megafonía a que salieran del local fue obedecida, y se fueron sin más incidente.

Esta actitud de no forzar un verdadero boicot al acto contrasta con otras manifestaciones del pasado, como la invasión de la casa de Juntas de Gernika el día que tomó posesión el primer lehendakari de la transición, donde miembros de Herri Batasuna acudieron masivamente y tuvieron que ser desalojados por la fuerza. Y así, indirectamente, el primer teatro de Bilbao fue escenario de otra muestra del cambio del clima político en el País Vasco desde 1979, y aún más desde aquel 2.007 hasta 2.008 según la documentación divulgada en París.

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