miércoles, 23 de agosto de 2017 21:36
Opinión

Una vivienda digna para los sin techo

Maria Assumpció Vilà i Planas
Maria Assumpció Vilà i Planas

Síndica de Greuges de Barcelona

Hemos pedido al Ayuntamiento que ponga en marcha un plan de choque per reducir el importante número de personas que duerme en la calle en Barcelona

Hemos pedido al Ayuntamiento que ponga en marcha un plan de choque per reducir el importante número de personas que duerme en la calle en Barcelona.

La crisis está haciendo estragos en Barcelona entre los que tienen muy poco o ya no tienen nada. En sólo cinco años, el número de sin techo se ha incrementado un 45% en la capital catalana. Los últimos datos recogidos, la pasada primavera, señalan que cerca de 3.000 personas, concretamente 2.933, duermen en la calle, en asentamientos o en recursos residenciales públicos o privados. Son cifras aterradoras; un puñetazo en el estómago de todos nosotros que nos tendría que avergonzar. Hay quienes se llenan la boca diciendo que hemos iniciado un proceso de recuperación económica, que en los próximos años el país crecerá bastante, pero el cierto es que, a pie de calle, la situación es cada vez más angustiante: el índice de paro, a pesar de los últimos datos positivos, es elevadísimo, los salarios bajan, los precios de muchos servicios básicos se han disparado y las desigualdades entre ricos y pobres son cada vez más punzantes. Que 85 personas en el mundo tengan el mismo dinero que 3.570 millones de pobres es inmoral e indecente.

En el reciente plenario municipal sobre la pobreza en los barrios, el equipo de gobierno ha anunciado que, por primera vez, en los últimos años, se ha frenado el aumento de las desigualdades en Barcelona y empieza a disminuir la diferencia entre los barrios con mayor o menor renta. Me congratulo que sea así y espero que, en el futuro, se confirme esta tendencia a la baja. Con todo, hay zonas de la ciudad donde los vecinos lo pasan verdaderamente mal: Ciutat Meridiana, Porta, Torre Baró, Trinitat Vella, Can Peguera... El retrato casi siempre se repite. Se trata de personas o familias que llevan tiempo sin trabajo, han dejado de cobrar el desempleo o sólo cobran una prestación no contributiva o la Renta Mínima de Inserción. Algunos han perdido ya la casa o pueden ser desahuciados ante la imposibilidad de hacer frente a la hipoteca o al alquiler. Y de perder el piso y que una persona se pueda encontrar en la calle no hay un camino muy largo. A veces ir de una situación de pobreza a una de exclusión es tan fácil como traspasar una cortina.

Hace unas semanas, le recomendé al Ayuntamiento la necesidad de poner en marcha un plan de choque para combatir el importante número de personas sin techo en la capital catalana. A las pocas horas, el mismo alcalde reconoció que era urgente atender a estas personas, y espero que en poco tiempo el Ayuntamiento presente una propuesta concreta para mejorar la situación de este colectivo. Con todo, es justo que reconozca la importante tarea llevada a cabo, entre 2008 y 2013, por el consistorio para ampliar el número de recursos residenciales y pisos de inclusión para intentar garantizar un techo a un mayor número de personas. El aumento de plazas durante el citado período fue de cerca de un 28%, pero no es suficiente.

Las cifras, ya desglosadas, incluidas en la Diagnosis 2013, las personas sin hogar en la ciudad de Barcelona y la evolución de los recursos de la atención a las personas sin hogar, muestran que de las 2.933 personas sin hogar, 1.468 duermen en residencias o pisos de inclusión, 595 pernoctan en asentamientos --esta cifra es anterior al desalojo, el pasado verano, del principal asentamiento del Poblenou, y, por tanto, probablemente el número de personas que ahora duermen en naves o campamentos sea inferior--, y 870 duermen en la vía pública, un 54% más que en 2008.

En mi opinión, lo que hay que hacer primero es garantizar la vivienda de estas personas, poner en marcha en Barcelona el llamado housing first, que tiene como objetivo proporcionar primero un lugar donde vivir dignamente, y después profundizar en la intervención social y laboral. Así se está haciendo en otros países y ha quedado patente que si estas personas disponen de un alojamiento digno, su situación mejora notablemente. El alojamiento es la base que da seguridad y autonomía personal y puede ser el camino porque estas personas inician el camino hacia la inclusión social y laboral.

MARIA ASSUMPCIÓ VILÀ I PLANAS

SÍNDICA DE GREUGES DE BARCELONA

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