lunes, 23 de octubre de 2017 11:52
Opinión

BAJA EL PARO PERO AUMENTA LA PRECARIEDAD

Matías Carnero
Matías Carnero

Secretario General Adjunto de la UGT de Catalunya

Es verdad que el paro ha bajado en el 2013 con respecto al año anterior. Y es verdad que es un buen síntoma. Según los datos de la Encuesta de Población Activa correspondientes al 4º trimestre de 2013, por tanto el cierre del año, el paro descendió en un 1'1%, unas 69.000 personas en el conjunto del Estado.

Es verdad que el paro ha bajado en el 2013 con respecto al año anterior. Y es verdad que es un buen síntoma. Según los datos de la Encuesta de Población Activa correspondientes al 4º trimestre de 2013, por tanto el cierre del año, el paro descendió en un 1'1%, unas 69.000 personas en el conjunto del Estado.

Buenas noticias que lejos de ahuyentar los males de la crisis, lo que hacen es enmascarar que seguiremos notando durante no poco tiempo los efectos de la debacle económica de los últimos 5 años en Europa y especialmente en España y Catalunya.

Es evidente que baja el número de personas que busca trabajo, pero no lo es menos que también bajan los afiliados a la seguridad social, que miles de jóvenes ultra-cualificados cruzan la frontera en busca de un trabajo digno que aquí parece inalcanzable, que miles de inmigrantes retornan a sus países de origen acabada la fiesta nacional y que el lastre de la contratación precariedad de nuestro mercado laboral, va camino de convertirse en un mal endémico y un futuro lastre para la recuperación real de nuestra economía.

Antes de la crisis, en este país se producían sesudos documentos, se diseñaban planes y hasta se propiciaban acuerdos políticos y económicos para la superación de un modelo de competitividad que se basaba en los salarios bajos, la escasa formación de los trabajadores, la mínima inversión en innovación y por supuesto la ausencia de valor añadido en la producción. Estos factores, que se identificaban como los verdaderos obstáculos para competir con nuestros modelos económicos de referencia en un marco global, después de esta crisis parece que definitivamente serán los que determinen nuestro paradigma de productividad. Por lo tanto, dejaremos de competir con las economías más avanzadas para batirnos el cobre con aquellas que buscan la penetración en los mercados a base de reducción de costes laborales. No sólo será un retroceso económico, también un drama social. El drama que representará trabajar para ser pobres.

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