jueves, 17 de agosto de 2017 05:44
Opinión

Son muy vascos

Robert Pastor
Robert Pastor



Uno de los grandes del periodismo radiofónico deportivo-con toda probabilidad Jordi Basté-al final de una liga donde uno de los equipos vascos (vasco-navarros, si lo prefieren) de fútbol podía salvar a otro del descenso a segunda si no lo ganaba va advirtió: "cuenta, que los vascos son muy vascos". Y a la vista del resultado, que efectivamente, acertó, repitió: "que los vascos son muy vascos".

Uno de los grandes del periodismo radiofónico deportivo-con toda probabilidad Jordi Basté-al final de una liga donde uno de los equipos vascos (vasco-navarros, si lo prefieren) de fútbol podía salvar a otro del descenso a segunda si no lo ganaba va advirtió: "cuenta, que los vascos son muy vascos". Y a la vista del resultado, que efectivamente, acertó, repitió: "que los vascos son muy vascos".


En el conjunto del Estado y desde las fuerzas políticas de ámbito estatal han abundado las críticas contra el PNV, por haberse manifestado junto con los radicales de Sortu en demanda de mejora de la situación de los presos de ETA. Bueno, no sólo eso, porque el lema de la marcha ya la habían logrado transformar y demanda del acercamiento a centros del país había pasado a "derechos humanos, diálogo, paz", que es más amplio, y más condicionado.

La lógica y extendida aversión a los terroristas, y aún más aversión a los crímenes que cometió abarca también una gran mayoría de los militantes del nacionalismo vasco clásico. Pero una especial sensibilidad social suele pasar por encima. El ejemplo más sonado, de entre los primeros, llegó aquel inquieto febrero de 1981. El día 7 los "milis" asesinaron al ingeniero que participaba en la inacabada central nuclear de Lemoiz , Jose Maria Ryan , que habían secuestrado unos días antes . La víspera, una gran concentración en Bilbao había pedido su liberación, a la manera y el resultado de la que se repetiría en favor del concejal Miguel Angel Blanco.

Conocida la muerte, las manifestaciones de protesta se multiplicaron. La de San Sebastián, presenciada personalmente, fue una de las más numerosas entre las conocidas hasta entonces.

Pero he aquí que exactamente una semana más tarde moría en un hospital penitenciario el supuesto miembro de ETA Joseba Arregi, tras nueve días de detención en el entonces todavía sede de la "Dirección General de seguridad", de la Puerta del sol. El informe oficial del forense concluía que la causa de la muerte había sido un edema pulmonar, pero también que el cuerpo tenía quemaduras y hematomas por todas partes. En definitiva, que había sufrido grave torturas.

Y siete días justos de aquella gran protesta contra el asesinato del ingeniero, las calles de la capital guipuzcoana se volvieron a llenar por manifestantes contra la del acusado de terrorismo, como mínimo, en un número similar, si no más grande. Y vimos muchas, pero muchas, de las mismas caras que identificábamos siete días antes.

A los que conocen aquellos antecedentes, y las ideas, sentimientos que han persistido en esa sociedad desde hace generaciones -y que en cierta medida y poco a poco se van perdiendo - no (nos) ha sorprendido nada de mí poco aquella extraña coincidencia en un mismo espacio y con un objetivo compartido de grupos tan diversos, por no decir enemigos políticos.

El dirigente del PP Leopoldo Barreda, ya en frío y unos días más tarde , declaraba que quedaba al acecho , para ver si "se mantendrá esta alianza del PNV con Sortu o será coyuntural". Porque los vascos son muy creemos que la cierta es la segunda. Como es cada vez más evidente que "una manifestación no cambiará la política penitenciaria del Gobierno (Rajoy), como proclamaba desde Israel el ministro Fernánndez Díaz , el del ridículo del comunicado antes de tiempo de unas detenciones que aún no se habían producido.

El lehendakari Urkullu, tan alabado por quienes lo consideran "moderado" en comparación con Ibarretxe , no ha dejado de pedir la dimisión de este ministro. Como "el inmediato desarme" de ETA. Con el argumento de que la situación ahora es muy diferente de la de hace dos años, y que hay que favorecer una paz verdadera y definitiva por parte de aquellos (tantos, casi todos) que se resisten a cambiar en la parte que les toca.

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