miércoles, 23 de agosto de 2017 23:31
Opinión

RAJOY Y EL EMPERADOR

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Que a Rajoy le persigue el mal fario en su viajes internacionales es algo que comienza a ser un dato casi rutinario. Con el trabajo que le ha costado a la diplomacia española montar la entrevista entre el presidente español y el norteamericano, va un periodista de aquel país y pregunta por el "tema catalán" y si éste va a repercutir en la política económica que ha diseñado el gobierno español.

Que a Rajoy le persigue el mal fario en su viajes internacionales es algo que comienza a ser un dato casi rutinario. Con el trabajo que le ha costado a la diplomacia española montar la entrevista entre el presidente español y el norteamericano, va un periodista de aquel país y pregunta por el "tema catalán" y si éste va a repercutir en la política económica que ha diseñado el gobierno español. La cara de circunstancias que se le quedó a Don Mariano ante tal puñalada trapera es de película de Martinez Soria, y por el contrario, el regocijo que tal pregunta ha desatado en la Plaza de Sant Jaume es para inscribirla en el libro de honor de las desavenencias que llevamos viviendo en este país en los últimos años.

Y es que, cuando los problemas no se afrontan con eficiencia y celeridad , éstos se multiplican por varias unidades y acaban convirtiéndose en un callejón sin salida que, luego, tiene consecuencias lamentables. Agarrarse a la brocha cuando te han quitado primero el andamio y después la escalera, roza el ridículo más espantoso, sobre todo, si la pared que quieres pintar es la de la Casa Blanca.

Pero no es solo Rajoy el que ha dado el cante de la cigarra ante la hormiga. La presencia de destacados empresarios catalanes en este viaje, y la esperanza comercial que les ha llevado a sumarse al numeroso séquito monclovita en pleno debate por el "derecho a decidir" es un dato tan significativo, que merecería también un análisis serio por parte de quien manda en la Generalitat, que debe estar atento a datos como éste, ya que cuestionan gravemente su credibilidad política y, sobre todo, la desconfianza que sus acciones de gobierno genera en un sector que es fundamental para la marcha de la economía catalana presente y futura. Porque, si ya resulta difícil proclamar la independencia sin contar con una mayoría absoluta clara del electorado catalán, el sufrir la desafección de quienes han de crear empleo y riqueza en el país, hace que el empeño, se vuelva casi utópico.

Por lo demás, reunirse con el "emperador del mundo mundial" es siempre una buena noticia, incluso para los que somos la gente que sufre la crisis, porque eso quiere decir que "todavía estamos en el partido" y que aunque nuestro trasero se siente en el banquillo, siempre será mejor ser suplente que estar en la grada por sufrir una grave lesión de intereses cruzados, sobre todo ahora que el Ribery del socialismo francés está muy bajo de forma y a un tris de ser expulsado del campo de juego y causar al equipo europeo un problema morrocotudo que podría arrastrarle, incluso, a un descenso de categoría económica con el trabajo que a nosotros nos había costado ascender.

Manuel Fernando González
Editor y Director
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