domingo, 20 de agosto de 2017 10:04
Opinión

Trías no es Maragall

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

El fracaso de Barcelona 2022, que ha muerto antes de nacer, ha obligado al Alcalde Trias a convocar una reunión de urgencia con sus homónimos de los Pirineos, cuyo resultado no ha conseguido tapar la decepción de unas poblaciones que esperaban que las Olimpiadas de Invierno les trajeran prosperidad y trabajos a manos llenas contando a su favor con la marca Barcelona y dando por supuesto que el resto de España apoyaría el proyecto sin dudarlo un instante.

El fracaso de Barcelona 2022, que ha muerto antes de nacer, ha obligado al Alcalde Trias a convocar una reunión de urgencia con sus homónimos de los Pirineos, cuyo resultado no ha conseguido tapar la decepción de unas poblaciones que esperaban que las Olimpiadas de Invierno les trajeran prosperidad y trabajos a manos llenas contando a su favor con la marca Barcelona y dando por supuesto que el resto de España apoyaría el proyecto sin dudarlo un instante.

Desgraciadamente, el estrepitoso NO a Madrid 2020 del COI y las desafortunadas declaraciones del propio Trias, mientras los madrileños y el propio Gobierno Rajoy se lamian las heridas del portazo olímpico, se han sumado a la crisis que padecemos, el peor escenario posible para los jerarcas olímpicos, y como no, a la deserción política del PP de Barcelona que ahora no quiere ni oír hablar de macro proyectos que lastren la economía de la ciudad para muchos años.

Y por si fuera poco, si hacemos caso a la regla no escrita de que las olimpiadas cambian de continente cada cuatro años, nos encontramos que tampoco en el 2026 podremos pedir los Juegos, ya que será otro hemisferio el que pueda organizarlo. Total, que hasta el 2030 no podríamos aspirar a presentar nuestro Barcelona-Pirineos, año en el que ni Trias estará en política, ni nadie sabe en qué escenario económico y político vamos a movernos.

Por todo lo cual la conclusión es muy simple: Trias no es Maragall. No ha sabido desafiar las dificultades, no ha tenido habilidad para unir voluntades, el Gobierno del Estado le ha dejado solo y encima, es un político con un futuro que no va más allá de una legislatura, si hacemos caso de las encuestas.

Así las cosas , la figura del alcalde socialista Pascual Maragall se engrandece mientras que la del actual consistorio, en su " conjunto" se empequeñece y hace que nos empecemos a preocupar por el futuro inmediato de Barcelona, a la vista del alcalde que tiene y la atomización de grupos municipales que van a gobernarla en los próximos cuatro años. Claro, que, viendo lo que está pasando con el PSC de Barcelona con cinco candidatos a encabezar la lista electoral después de tantos años de presumir de alcaldes de primera línea, uno puede comprender perfectamente lo que le ha podido pasar al resto de partidos políticos donde escasean los líderes y reina la mediocridad.

Manuel Fernando González

Editor y Director

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