lunes, 21 de agosto de 2017 14:13
Sociedad

Nadie ha reclamado las cenizas de Asunta

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Nadie se ha hecho cargo de la urna en la que descansan los restos de la niña de 12 años de edad asesinada el pasado 21 de septiembre. El cuerpo fue incinerado el martes 24. Nada más terminar la ceremonia, su madre, Rosario Porto, fue detenida como sospechosa del crimen. Su padre, Alfonso Basterra, no se llevó la vasija funeraria pese a que aquella tarde se celebró el funeral en una iglesia del Ensanche compostelano. Y allí sigue, porque los padres tampoco le han encargado a ningún familiar o amigo que se haga cargo de ella.

En el tanatorio no saben muy bien qué hacer con la urna. Están desconcertados ante este olvido. No es esta la primera vez que la relación de la familia Basterra Porto con sus familiares fallecidos sorprende a sus allegados. Cuando murió la madre de Rosario Porto, cuentan que la asociación de padres del colegio de su hija tenía convocada una reunión a la que todos pensaron que ella no acudiría debido al trágico trance, que además se había producido de repente y sin que hubiese una enfermedad previa. Pero Rosario Porto acudió finalmente a la cita. Una actitud parecida se repitió menos de un año después cuando falleció, también de repente, en la cama y sin una dolencia concreta, su padre, el conocido abogado compostelano Francisco Porto Mella.

Ahora, la imagen de la urna con las cenizas de Asunta abandonada en el tanatorio ha hecho que surjan voces en Santiago reclamando un mayor respeto por los restos de la pequeña. Los propios trabajadores de la funeraria están preocupados y han hablado entre ellos de la necesidad de que las autoridades tomen cartas en el asunto para poner fin a esta situación.

Esta situación contrasta con la actitud que mostraron los padres durante los primeros años de Asunta en Santiago, donde todos los que conocían a la familia destacaban la gran sintonía que mostraban los tres en todo momento. Cuando Asunta llegó a Santiago, tanto Alfonso como Rosario fueron protagonistas de reportajes explicando cómo había sido su proceso de adopción y mostrando en todo momento la imagen de una familia unida y feliz.

Lo que sí parece claro es que Asunta seguía siendo una niña de buen trato con sus amigos, además de una muy buena estudiante. Así la definen en todo momento sus compañeros de instituto y todos los que la conocían y que en algún momento tuvieron trato más o menos cercano con ella.

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