sábado, 16 de diciembre de 2017 04:24
Opinión

NO SE SI DEBO

Joan Ferran
Joan Ferran

Una duda me asalta. ¿Estoy legitimado para hablar de él, de la Curia, del Vaticano? Veamos. No profeso religión alguna y mi agnosticismo, humilde y modesto, acepto que es poco elaborado. A pesar de ello, lo confieso, tengo alguna secreta inquietud que me lleva y me trae al mundo de lo espiritual que toca de pies en el suelo. La figura del Papa Francisco provoca en mi apetito de escritura, ganas de opinar y hablar con la gente.

Una duda me asalta. ¿Estoy legitimado para hablar de él, de la Curia, del Vaticano? Veamos. No profeso religión alguna y mi agnosticismo, humilde y modesto, acepto que es poco elaborado. A pesar de ello, lo confieso, tengo alguna secreta inquietud que me lleva y me trae al mundo de lo espiritual que toca de pies en el suelo. La figura del Papa Francisco provoca en mi apetito de escritura, ganas de opinar y hablar con la gente. Este pontífice rompe moldes me llama la atención. ¡Alerta roja! Dice no ser de derechas, habla de todo, ama el futbol y no pretende hacer proselitismo ni imponer verdades reveladas? Así las cosas ¡Qué caramba! He decidido escribir cuatro líneas respecto al Sumo Pontífice. Rouco Varela, por ejemplo, tampoco es un profesional de la política que digamos y no renuncia a hablar, comentar e influir sobre lo que considera que conviene, o no, a los españolitos de a pie. Es más y para remachar, tampoco comulgo con los nacionalismos ?otro tipo de religión según el Dr Carlton J.H. Hayes de la Universidad de Columbia- y escribo sin problemas acerca de las contingencias de un hipotético viaje a Ítaca. Me lanzo pues. Los católicos practicantes sabrán perdonarme.

He de confesarles, no obstante, que desde mi época como estudiante me he sentido atraído por la dimensión, llamémosle- filosófico-terrenal, de cierto cristianismo. Cuestiones teológicas aparte, siempre me ha interesado conocer eso que Jacques Maritain trabajó y se ha dado en llamar humanismo cristiano. También posé la mirada en los postulados de Emmanuel Mounier y sus colegas de la revista Esprit. Pero el primer premio a mi afán de conocer y comprender se lo lleva, sin lugar a dudas, el anarcocristianismo y la forma de entender la vida basándose en principios éticos que preconiza, por ejemplo, la obra de León Tolstoi, o todo lo que gira alrededor de la Teología de la Liberación. Me atrae, como decía antes, ese cristianismo terrenal, socializante y cercano a los más débiles por lo que tiene de humano, de social. Pero volvamos a Francisco porque creo que él también va de eso.

El Papa ha concedido una entrevista al diario italiano 'La Reppublica' de la mano de un gran periodista, Eugenio Scalfari, y en ella desgrana una porción de su pensamiento. No se arruga lo más mínimo a la hora de apostar por una transformación en profundidad del Vaticano. Tampoco en afirmar que 'la corte es la lepra del papado' y que conviene acabar con el vaticanocentrismo. Y es que Francisco metió las narices en las finanzas de la Santa Sede y dijo que el aroma no era de su agrado, y actuó.

La regeneración en el seno de la Iglesia parece haber comenzado. El Papa es visto y observado con admiración y esperanza por multitud de católicos, y no católicos, ansiosos de cambios en las formas, las elites y las instituciones. El deseo ciudadano de un nuevo estilo y una nueva moral no tiene fronteras, va más allá de la religión y entra también de pleno en la esfera de lo político.
Llegado a este punto es donde me pregunto si estoy legitimado para hablar de un reino que no es el mío. No sé si debo, pero lo voy a hacer.

Me explicare. Temo por la figura de Francisco, por su persona. Tanto en el terreno del prestigio como en el del honor. Los poderes instalados no perdonan, maquinan, traman, mueven bulos, traman difamaciones, fabrican mentiras y conspiran al más alto nivel. Temo por él no como mi guía espiritual, que no lo es, sino como ejemplo de firmeza y decisión ante el anquilosamiento de las instituciones. Las bendecidas por el altísimo y las demás. El ejemplo papal es bueno para los cristianos pero también para los espacios no eclesiásticos. Su fracaso, ninguneo o aniquilación sería un duro golpe para todos aquellos que aspiramos a que algo se mueva, a que las fichas del domino decidan dejarse caer una sobre otra y se abra ante la sociedad una nueva dimensión. Ahí las iglesias, en plural, tienen mucho que decir.

Joan Ferran

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